Hoy le he visto y he sabido que era él, el hombre indicado para mí, con quien quiero estar. La diferencia de edad es notable él tendrá alrededor de cincuenta y yo solo veinte… Pero sé que es posible, no es la primera vez.

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Martes – 30/10/2012

Hoy le he visto y he sabido que era él, el hombre indicado para mí, con quien quiero estar. La diferencia de edad es notable él tendrá alrededor de cincuenta y yo solo veinte… pero sé que es posible, no es la primera vez. Cuando lo he visto viajando en metro, todo mi ser he notado una revolución, similar a las que he tenido con anterioridad pero distinta en todo, como siempre. He tenido que faltar a clase para poder seguirle y saber hacia dónde iba, ¿cómo lo volvería a encontrar sino? Le he estado observando, su cabello es castaño y estaba muy bien peinado, sus ojos azul claro con una mirada triste en ellos, su complexión atlética con una altura de un metro ochenta más o menos. Llevaba un traje negro con camisa blanca y una corbata granate, llevaba un maletín negro que más tarde he averiguado que contenía los documentos para defender a su cliente, es abogado. Siempre me han gustado los abogados, tienen algo que me llama la atención en cuanto los veo. He podido averiguar en el juicio que su nombre es Ramón Márquez, lo suficiente para poder buscarle y encontrarle. El juicio le ha ido genial, ha defendido a su cliente a la perfección y parece que quedará libre de todos los cargos.

Tras el juicio he continuado siguiéndole esta vez hasta un ristorante donde se ha comido una lasaña. Yo he aprovechado para comer unos raviolis al fungí, estaban buenos, mejor que en la mayoría de sitios que suelo pedirlos. Ya eran las cuatro y aún no sabía donde vivía, aunque ya no me quedaría mucho para descubrirlo. Al salir del ristorante nos dirigimos de nuevo hacia el metro y una vez subidos me condujo hasta Badalona. Allí lo que hizo fue dirigirse a un colegio para recoger a sus hijos, algo que no me esperaba, tiene dos hijos, un chico de unos ocho años y una niña de cinco. La verdad es que aunque me haya sorprendido no me molesta, lo nuestro puede ser posible igualmente, porque al fin y al cabo es él. Al salir del colegio fuimos al parque donde los niños estuvieron jugando unas dos horas y al final averigüe donde vivía, ya era hora, todo el día para poder saberlo. Creo que el viernes de la semana que viene ya seré capaz de hablar con él.

 

Viernes – 09/11/2012

He estado faltando a las últimas horas de clase toda la semana, aunque ha valido la pena, he sabido lo suficiente sobre él como para poder acercarme. He estado escuchando conversaciones entre él y su mujer, se están divorciando por eso siempre lleva esa mirada triste. Gracias al divorcio va todos los viernes a un bar a emborracharse ahogando sus penas en alcohol, ¡que estúpido! Si estuviera conmigo nunca debería de haberlo hecho, para su suerte al fin me ha conocido esta noche. ¡Al fin esta ha sido la noche!, la esperaba tanto… Intentaré transcribir lo que recuerde de la conversación.

-Hola, su cara me suena… Creo que usted defendió a mi padre en un juicio el martes pasado -obviamente mentí, no conocía a ese hombre de nada.

-Yo no te recuerdo, ¿estuviste allí? Tampoco recuerdo que tuviera ningún hijo.

-Pues los tiene, mi hermano y yo, el problema es que no nos tiene mucho aprecio, y sí estuve allí en una de las últimas filas. Me encantó como lo defendió, estoy pensando en dejar Administración y Finanzas y estudiar derecho después de verle en acción –dos mentiras más, pero siempre resultan creíbles, sonreí-. Por cierto, yo sé como se llama pero usted desconoce mi nombre, me llamo Ilya Espada si pregunta por mi nombre debo decirle que a mi madre estaba fascinada por la civilización eslava y que le insistió mucho a mi padre para ponerme este nombre, es lo que siempre me han contado.

-La verdad es que es un nombre curioso, y ¿qué haces aquí Ilya?

-Había quedado con un grupo de amigos pero no aparecen –la cuarta mentira-, así que puedo estar con usted si le apetece.

-No veo el problema, aunque no creo que puedas divertirte conmigo.

-Claro que puedo, usted me gusta, es una buena persona, además es atractivo. Por favor, pónganos otra ronda a mí amigo y a mi –creo que fue lo primero que dije con sinceridad, aceptó el cumplido y la bebida.

-Gracias, tú también estás bien, tutéame si quieres –tal como imaginaba, todo seguía la línea que yo había trazado, esbozó una pequeña sonrisa.

-Gracias, lo haré –sonreí de nuevo-. ¿Le apetece venir a mi piso a pasar un rato? Está cerca de aquí –volví a sonreír, era la parte más importante, debía resultar convincente.

-Supongo que me lo podría permitir –se levantó, se acercó a mí y me besó, algo completamente inesperado-. ¿Vamos Ilya?

-Por supuesto Ramón –mientras lo dije le cogí del brazo, de forma inocente e infantil, como si quisiera juguetear, y lo quería.

Estuvimos andando una hora, paseando, hablando de nuestras vidas, cómo éramos con nuestra familia, si teníamos muchos amigos, con qué clase de gente nos relacionábamos. Mientras hablábamos iba aclarándose todo y si era él, la persona a la que quiero, el que se convertiría en mi hombre, era feliz a su lado esperando que al fin fuésemos hacia el piso, para tener más intimidad. Al final lo dijo.

-¿Ilya qué te parece si vamos ya a tu piso? –me volvió a besar, nos habíamos besado en muchas ocasiones en el transcurso de esa hora.

-Sí, ya podemos ir –sonreí y le besé yo-. Estamos a unos diez minutos –volví a sonreír, era feliz.

Seguimos andando, por diferentes calles, y notaba un brillo distinto en sus ojos, algo de felicidad aunque la tristeza siempre estaba de fondo. Al final llegamos a la calle donde estaba el piso, saqué la llave que tenía del edificio. Abrí la puerta y entramos, nada más cerrar la puerta Ramón me empujó contra la pared y empezó a besarme el cuello, morderme el lóbulo… Me encantaba, llego a quitarme la camiseta que llevaba.

-Por favor… Ramón… espera a… que lleguemos arriba –estaba jadeando, me encantaba lo que me hacía-. Solo… son dos pisos.
-Vale –subimos rápido, yo sin mi camiseta, la llevaba él en la mano.
Saqué la otra llave y abrí la puerta, nos dirigimos a la habitación. Allí él empezó a sacarse la camisa que llevaba, mientras yo saque algo de mi pantalón que llevaba esperando usar desde la semana pasada. Cuando acabó de quitarse la camisa me acerqué a él y lo apuñale en el bazo, en su cara vi reflejado todo el dolor que le había causado. Cayo hacia atrás, golpeándose con la cama, su espalda quedó apoyada en el lateral de la cama, mientras con su brazo intentaba coger el móvil.

-No te molestes, lo tengo yo, lo he cogido en la entrada, cuando me besabas –lo dije tranquilamente, feliz por haberlo hecho al fin, por haberle liberado del mundo y triste porque nunca más podría estar con él. Siempre me ocurría lo mismo-. Tampoco es necesario que te esfuerces en gritar, nadie te oirá.

-Pero ¿por qué lo has hecho Ilya? Pensaba que te gustaba –en cada una de sus palabras se notaba el dolor que le había causado, y la verdad, no me arrepiento de ello.

-Y me gustas, mucho, pero cuando te vi en el metro pedías a gritos morir, tu aspecto me lo dijo, querías dejar de sufrir en este mundo –unas lagrimas empezaron a resbalar por mis mejillas-. Me sabe mal, pero lo necesitaba y tú lo pedías, como te he dicho me gustas y te quiero pero… -empecé a llorar más-. No es algo voluntario, es algo que está mal en mi interior.

»Quiero confesarte algo… no soy el hijo de tu cliente, ni me llamo Ilya, mi verdadero nombre es Lucas… El piso… Tampoco es mío, está en venta… El otro día me lo enseñaron y aproveché para robar las llaves…

-Quizás sí lo pedía, pero ¿esto? No, yo creo que nunca he pedido esto… Te odio, aunque también te quiero… es algo extraño… jamás se me hubiera ocurrido posible tener sentimientos tan contrarios hacia una persona… Prefiero seguir llamándote Ilya… me gusta más… y es como te he conocido –poco a poco el brillo de sus ojos iba desapareciendo, ya solo le quedaban pocos minutos de vida-. ¿Qué será ahora de mis hijos?

-No te preocupes… Yo me encargaré de que lleven bien sus vidas… Seré su brújula en la sombra… -me acerqué a él y lo abracé-. Perdóname por favor… Por favor hazlo… -no obtuve respuesta, ya había muerto, y al fin su cara mostró paz.

Dejé allí el cuerpo, aunque antes lo limpié para que no quedara rastro de mí, me fui y cerré el piso. Seguía llorando aunque en paz por haberlo hecho. Fui caminando, perdiéndome por la ciudad hasta que amaneció…