Me di cuenta de lo que pasaba cuando despareció uno de mis mejores amigos, tras acabar la carrera. Poco a poco fui descubriendo cosas que ayudaron a otra gente. Desde hace años sólo me pasa con Marta. Necesito ayudarla.

PORTADA CAP 2

Las palabras de la hermana pequeña de Marta resonaban en mi cabeza, pensaba que era un novato, pensaba que era ajeno a todo esto. Si ella supiese que solamente soy un simple guía de un pueblo abandonado en medio de la sierra seguramente se enfadaría de verdad. “Un novato”. No, no era novato. Detrás de mi trabajo ideal, el de guía, se escondía algo un tanto más turbio.

Todo se remonta hace varios años, cuando acabé la carrera. Mis dos mejores amigos y yo nos fuimos de excursión a un pequeño pueblo, en el que no vivía nadie. Poco a poco y a medida que nos adentrábamos más en él, me vinieron una serie de “recuerdos” a la cabeza. Las calles, las casas, la cruz en medio de aquella plaza… Todo eso ya lo había visto antes, pero no sabía dónde ni por qué. No le di ni la más mínima importancia. Nos adentramos en el bosque. Yo sabía exactamente cuál era el camino a seguir. No dije nada, no quería preguntas, ni que me tildaran de raro, eran muy importantes para mí y no quería que me diesen de lado. Nos perdimos, cayó la noche. No sabíamos a donde ir. De repente uno de ellos desapareció. Yo recordaba aquello. Tenía miedo, no sabía por qué estaba todo aquello en mi cabeza. Sabía donde estaba él, sabía que le había pasado. Pero tenía miedo de afrontarlo. Cuando fue a buscar ramas para hacer fuego se calló en un agujero, en una trampa. Había gente extraña en aquel bosque que quería capturarnos, yo lo sabía y no hice nada. Se hizo de día, salimos del bosque, salimos también de aquel pueblo. Pero nunca más supimos nada de Pedro. Los remordimientos me acompañarán toda mi vida.

Un tiempo más tarde empecé a recordar cosas que le sucedieron a otras personas. Personas que yo no conocía de nada. Siempre había algo en común, nunca cambiaba de patrón: gente tendía trampas a otros, que desaparecían. No trampas físicas, como a mi amigo, sino también engaños, tanto amorosos como de ofertas de trabajo. Intenté ayudar a aquella gente, pero no tenía forma; no sabía cómo hacer para que no se cumpliese el encuentro pactado. Así que decidí ir buscando uno por uno a los desaparecidos. Sabía donde estaban, sabía cuánto tiempo les quedaría de vida y que debía darme prisa. Por suerte pude ayudar a más de uno, pero también vi como muchos otros desaparecían sin poder ayudarlos.

Hace unos años, unos meses antes de que me llegase la carta de Marta, empecé a soñar con una chica. Una chica a la que perseguían unas sombras extrañas. Esto se salía del patrón y pensé que serían solo sueños normales y corrientes, de esos que ya echaba de menos. En mis sueños hablaba con ella, sabía que dibujaba, que le gustaba la música y que pronto expondría en una galería de arte un par de obras suyas. Aquella chica era Marta. Sabía de su novio, de su embarazo. Sabía que no amaba a Andrés y poco a poco yo fui enamorándome de ella. Pero lo nuestro era imposible, todo aquello formaba parte de mis sueños. Con el tiempo conocía más a la chica de mis sueños que a mi propia mujer, la mujer de mi vida, con la que compartía todo. Jamás pensé que sería real. Pero lo era. Era tan real como yo, o como tú, que lees esto.

Unos días antes de que llegase la carta de Marta soñé con una casa. Una casa bastante peculiar, parecía la típica que sale en las películas de miedo estadounidenses. Era una casa de unos tres o cuatro pisos y un sótano. Una casa que había visto anteriormente, en las charlas de mis sueños con Marta. Era un cuadro suyo. Aquella vivienda existía de verdad, según la Marta de mis sueños estaba en Galicia, en el interior y había llegado a ella hacía unos meses, cuando estaba de viaje con su hermana y su novio. Aquella casa debía significar algo; pero, ¿el qué? ¿Estaría Marta en ella? ¿Tendría que ver con su desaparición?

casa capitulo 2