Claudia logra librarse de la denuncia del propietario de la casa a la que entró buscando a Marta. Yo le sigo la pista y encuentro el dibujo. Sé que tiene que ver con el hecho de que entrasen en esa casa, necesito averiguarlo.

Prólogo

–Nos adentramos en la casa, buscando a Marta, mi hermana, tal y como habíamos hecho con muchas otras desde su desaparición. Justo al pasar la puerta sentí que algo tiraba de mi abrigo, desde abajo. Estaba aterrada, pero aún así me di la vuelta y casi en la oscuridad pude ver que era el pequeño Alex, el hijo de mi hermana y Andrés, mi mejor amigo. No entiendo por qué siempre lo llevamos con nosotros en la búsqueda, siempre acaba entorpeciéndonos en alguna cosa. Tiene ahora mismo dos años, nació dos semanas antes de la desaparición de mi hermana, y llevamos desde que empezamos esto con él de aquí para allá. Héctor, el hermano de Andrés, tampoco está de acuerdo con que venga con nosotros, pero bueno, su padre sabrá que hacer…

–Señorita, no se ande por las ramas –la cortó el policía que la interrogaba.

–Sí, tiene razón. Aunque considero que esta información es bastante importante para lo que estamos tratando.

–Está bien, prosiga –el agente no tenía cara de muchos amigos, pero la dejó continuar.

–No sé en qué estaba… Es cosa de los nervios –estaba tan nerviosa que hasta temblaba, pero al fin consiguió continuar–. Bien. Miré al suelo y era el niño, que se había caído y no era capaz de levantarse. Lo cogí en brazos. Cuando estábamos dentro de la casa la puerta se cerró de golpe y la linterna que llevábamos se apagó. El niño empezó a llorar, nos asustamos y salimos corriendo hacia fuera. Fue ahí cuando nos encontró el dueño de la casa. Nosotros pensábamos que estaba abandonada, ¡se lo juro!

–Veamos, me está diciendo que allanaron una propiedad privada en búsqueda de una chica desaparecida hace dos años y pico, que esa es una excusa razonable y que, claro, pensaron que estaba abandonada. Sí, totalmente justificado…

–Puede buscar el informe de la desaparición de mi hermana, ¡deberían estar buscándola ustedes, y no yo!

–Señorita, no está aquí por eso, si no por entrar sin autorización en una propiedad privada.

Yo estaba escuchándolo todo, hace tiempo que logré entrar en el cuerpo de investigación y con ello poder seguirlos y ver qué descubrían. Alguien llamó a la puerta, mi charla con el anciano había tenido resultado y había quitado la denuncia.

–Señorita –dijo con una voz firme, leyendo el papel que le acababa de entregar su compañero– Claudia García, tiene usted suerte y el propietario de la vivienda allanada ha quitado la denuncia. Me comunicaron que sus amigos se reunirán con usted en la entrada de la comisaría. Puede irse, espero que no vuelvan a encontrarla en otra propiedad privada, ya van tres veces en menos de un mes y su suerte puede cambiar de un momento a otro. Con dieciocho añitos sería una pena que acabase en una prisión de mala muerte por buscar a alguien desaparecido hace dos años, del que apenas tenemos pista alguna –el tono de burla se hacía insoportable hasta para mí–. Buenas noches.

Cuando se iban, cayó algo como un papel del bolso de Claudia, sin que nadie se diese cuenta, lo cogí y  pude ver lo que era. Era una especie de dibujo de una casa, una casa bastante grande. Tendría al menos tres pisos y un gran jardín, un poco descuidado. Se parecía bastante a la casa del anciano; pero no, no creo que fuese  la misma casa. Estoy seguro de que esa es la pista que están siguiendo en este momento para llegar a Marta. ¿Tendrán aún más dibujos? Tengo que seguir con la investigación y encontrar el cuaderno de dibujo de Marta.

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