El día avanza pero el camino de cada persona es distinto, mientras Abel y Nadia se han internado por los túneles, Rafael también ha estado ocupado. ¿Qué planeará el tabernero tras matar a Elías?

09 Cajas_BN

Rafael cogió una caja, ya llevaba veinte y aún le quedaban muchas más por cargar, además debía buscar una vacía, Elías las debía de guardar en algún sitio. Por ahora únicamente las sacaba a la calle, cuando Vanesa volviera con el carro las cargaría en él para poder llevarlas a su casa. Una vez todo se calmara las llevaría él mismo una a una a la Capilla pero mientras no podía abandonarlas en esa casa. Salió a la calle y dejó la caja y al darse la vuelta vio de nuevo su obra, en la pared junto a la puerta, había dibujado un ojo rojo con una x encima y lo había hecho con la sangre aún caliente de Elías. Al fin se había desecho de ese inútil pero aún no se lo había dicho a nadie y no lo haría hasta asegurarse de que las cajas y la llave de la Capilla obraban en su poder.

Siguió sacando cajas sin hacer ruido hasta que llegó Vanesa, traía consigo el carro de Rafael. Era un carro pequeño de madera, tirado por un caballo bayo, en el que seguramente podrían caber la mitad de los paquetes que guardaba el padre en su casa. A lo largo de los años se habían llegado a acumular más de un centenar de cajas, al principio se guardaban en la casa de la colina pero tras lo que ocurrió, el padre Elías, se las llevó todas a su vivienda y finalmente volvían a estar con quien le pertocaba.

-Gracias -dijo el tabernero impasible mientras empezaba a cargar las cajas de en el carro-. Hay muchas, no recordaba que llevásemos tantas ya.

-Yo ya no las recuerdo, la última vez que las vi era muy pequeña -abrió una de las cajas y miró su contenido-. Es maravillosa, ¿puedo quedarme una? -cerró la caja.

-No, sabes lo importantes que son.

-Venga, aunque sea la última, seguro que nadie nota que falta, no lo notaran porque ni siquiera la han visto. No saben que la harás, además, es una muy especial, será la primera preparada por ti -Rafael empezaba a dudar, lo que decía Vanesa era cierto-. Te lo agradecería mucho -susurró Vanesa mientras acercaba su cuerpo al del tabernero.

-Vale, será tuya, -miró su cuerpo, le encantaba, la encontraba preciosa y a diferencia del resto de gente, le encantaba la cicatriz que cruzaba la mejilla izquierda de Vanesa. Habían pasado veinte años pero aún recordaba a la perfección el día que se la hizo, fue un día complicado-. Deberías buscar la llave, la necesitaremos.

Vanesa entró en la casa de Elías, la llave no estaba en la habitación de las cajas por lo que la tenía que guardar en otro sitio. Subió al piso de arriba y entró en la habitación del padre, con un poco de suerte la llevaría encima. Atravesó el umbral y vio el cuerpo de Elías sin vida tendido sobre la cama, manchándolo todo de sangre.

Empezó a registrar la ropa pero no consiguió dar con la llave, tras eso buscó en todos los muebles de la habitación sin resultado alguno. Salió y abrió la primera habitación, y luego la segunda y tras esa la siguiente y así hasta que se acabaron todos los cuartos de la casa sin dar con la llave. Volvió al cuarto de Elías para empezar a buscar de nuevo, esperaba que la llevase encima y se le hubiera pasado por alto. Registró el cuerpo de nuevo y nada por lo que decidió ir un paso más allá, le fue quitando la ropa poco a poco para asegurarse definitivamente de que la llave no estaba allí. Cuando había desnudado la parte de arriba de su cuerpo vio algo que le llamó la atención en uno de sus brazos, una gran cicatriz en la que nunca había reparado. Tocó la herida ya cerrada y encontró lo que buscaba, la llave estaba allí dentro.

Vanesa fue a la cocina y cogió un cuchillo para poder extraer la llave, cuando salió se dio cuenta de algo, llevaba mucho rato sin oír a Rafael. Se asomó a la calle y el carro ya no estaba allí, seguramente ya estaría en la taberna descargando todas las cajas que había transportado, dentro de poco estaría de vuelta para coger las que le hubieran quedado. Se dirigió al piso de arriba para conseguir la llave antes de que volviera. Entró en la habitación y se arrodilló sobre la cama, rápidamente dirigió la hoja del cuchillo hacia el brazo e hizo un gran corte. Apenas salió sangre aunque de haberlo hecho eso no le habría impedido introducir la mano en la herida recién abierta y extraer la llave de la Capilla. A pesar de casi no haber sangrado, tanto sus manos como la llave estaban completamente teñidas de rojo. Bajó a esperar a Rafael y así darle la llave cuando cruzase el umbral, tras un rato sola y en completo silencio la puerta se abrió y entró el tabernero.

-Ten -estiró el brazo para ofrecerle la llave.

-Gracias -la cogió-, dentro de poco la usaremos, ahora quedan el resto de cajas. Creo que ya he llevado más de la mitad, si nos ponemos los dos acabaremos en poco tiempo.

Empezaron a cargar las cajas codo con codo, mientras lo hacían Vanesa las iba contando, doce, treinta, cincuenta y así hasta llegar a novena seis. Vanesa hizo cuentas y si Rafael había llevado más de la mitad quería decir que tenían más de doscientas cajas en total. Eran muchas pero aun así pocas, por lo que le había explicado Rafael, antes había muchas más.

Fueron al cuarto que antes guardaba las cajas y cogieron un que estaba vacía, la caja que pertenecería a Vanesa. Ella sonreía mientras la miraba.

-Ya solo falta llenarla, vamos -dijo Rafael tranquilamente a pesar de ser la primera vez que lo hacía. Vanesa no dijo nada, estaba demasiado emocionada. Subieron juntos las escaleras y abrieron la puerta del cuarto de Elías-. ¿Dónde está?

-Detrás de la puerta -Rafael abrió la caja, se la dio y cerró la puerta. Cogió lo que había en el suelo.

-Sabes que se tiene que arreglar antes de que puedas quedártela.

-Lo sé.

Cuando se lo confirmó metió la cabeza de Elías en la caja y la cerró. Salieron de la casa y fueron a descargar las cajas, aún quedaba mucho trabajo por hacer ese día.

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