Abel y Nadia llegan a un sótano tras cruzar el entramado de túneles, éste pertenece a la casa de la colina, pero ¿qué oculta esta casa? ¿Y por qué está conectada a través de túneles con la pirámide y la iglesia negra?

08 La_casa_de_la_colina_BN

Abel y Nadia miraron a su alrededor. La única luz que había, la que habían visto desde la caverna, se filtraba a través de los tablones que componían el techo. Todo lo que había en el sótano estaba cubierto por una gruesa capa de polvo que seguramente llevaba años acumulándose. Empezaron a rebuscar entre los objetos que había, encontraron herramientas para trabajar en el campo, una cuna, ropa que aparentaba ser de invierno y un sinfín más de objetos que les eran de nula utilidad.

Se dirigieron a la escalera que les llevaría al piso superior, los escalones eran de madera y crujían bajo su peso, uno llegó a romperse. Sin lugar a dudas aquello llevaba mucho tiempo sin que ningún ojo humano lo viera. Cuando llegaron arriba descubrieron que la puerta estaba atrancada, Abel empujó con fuerza y cedió sin ofrecer mucha resistencia, finalmente estaban en la planta baja. Se encontraban en un pasillo amplio, había más puertas en él, una era claramente la de la entrada. Además de las puertas, había también una escalera para ir al piso superior. Se dirigieron a una que había al final del pasillo, justo al lado opuesto de la de la entrada. La abrieron y entraron en la cocina.

La cocina al igual que el resto de la casa estaba completamente abandonada, debería llevar así mucho tiempo, seguramente más de diez años. No había ninguna nevera tal y como era de esperar en un lugar como ese y al igual que en los túneles no había nada escrito, parecía como si hubieran olvidado por completo esas zonas cuando las escribieron. El suelo era de madera y estaba en mal estado, algunas de las maderas estaban algo separadas, lo que permitía que se filtrara en el sótano parte de la luz que se colaba por el ventanal. La pareja empezó a abrir los armarios con l esperanza de encontrar algo que les fuera de utilidad pero lo único con lo que dieron eran con potes de conservas que deberían de llevar allí todo ese tiempo.

Cuando salieron de la cocina se dirigieron a la primera puerta que encontraron, al entrar vieron una mesa con seis sillas frente a un gran ventanal. Se acercaron a éste para ver si lograban situarse ya que no tenían ni la más remota idea de donde estaban. A través del cristal todo se veía borroso a consecuencia de la suciedad y por mucho que limpiaran de poco les servía ya que no podían hacer nada con la del exterior. Tras pasar un rato limpiando, Abel cogió la mochila y la dirigió hacia el cristal, éste cedió convirtiéndose en un montón de afilados fragmentos que salieron hacia el exterior. Lo que vieron les sorprendió, tenían vistas directas al pueblo, desde aquella casa se podía vigilar al pueblo por completo. Había bastante distancia hasta el pueblo y lo único que había de por medio era el bosque que habían cruzado con anterioridad.

-Nos hemos alejado bastante, no creía que estuviésemos tan lejos –comentó Nadia.

-Tienes razón, quizás sería mejor que hoy nos quedemos aquí, -miró el reloj, era cerca de las dos del mediodía-. Es muy pronto pero si salimos al bosque es posible que nos perdamos y como lo hagamos y se haga de noche…

-Sí, la verdad es que no me apetece perderme en ese bosque, supongo que lo mejor será que nos quedemos aquí. Espero que mañana no nos perdamos.

Salieron del salón y se dirigieron a otra de las habitaciones que había en aquel pasillo, dieron con un trastero que estaba lleno de cajas de madera vacías. Algunas de ellas tenían restos de sangre en los laterales, quienquiera que hubiera manchado aquellas cajas había perdido bastante sangre. Seguramente la necesaria como para considerarse una emergencia.

Se dirigieron a la puerta de la entrada, tenía un pequeño rectángulo de cristal por el cual mirar al exterior, desde allí podía verse un camino que se internaba en el bosque pero que aparentemente por la dirección que tomaba no llevaba hacia el pueblo. Finalmente se decidieron a subir las escaleras, al igual que la del sótano, los escalones estaban hechos de madera, cada uno crujía bajo el peso de sus cuerpos.

Cuando llegaron al piso de arriba vieron otro pasillo, éste con cuatro puertas. Abrieron la primera, era una habitación, seguramente la de un matrimonio a juzgar por el tamaño de la cama, sobre ésta había un ojo de iris rojo pintado. El ojo era idéntico, a excepción del color, al que habían visto antes en los túneles que habían cruzado. El ojo les observaba como si estuviera vivo, como si fuera lo único interesante que le hubiera pasado en mucho tiempo. Finalmente salieron de aquella habitación, aquel ojo pintado no les transmitía nada bueno.

Entraron en la segunda habitación del piso, la cama de ésta era más pequeña, para una única persona. Sobre la cama había una gran cruz negra hecha de obsidiana, la cruz estaba repleta de pequeños detalles que intentaban simular como sería una de madera. Además, en el cruce había un ojo rojo hecho seguramente con un rubí. Los pocos muebles que había en aquel cuarto estaban dañados, como si alguien se hubiera dedicado a hacerles pequeños cortes porque se aburría, incluso las paredes los tenían. Lo único que se había librado de recibir cortes era la cruz, seguramente porque tenía aquel ojo rojo en el centro.

-Supongo que lo positivo es que quien hiciera esto lleva mucho tiempo sin venir –dijo Nadia.

-Sí, supongo que sí. Podríamos usar ésta para dormir, es mejor que la anterior.

-Quizás alguna de las otras esté mejor…

Salieron de la habitación y se dirigieron a la siguiente, la puerta a diferencia de las dos anteriores tenía una cerradura, a pesar de ello estaba abierta, en la habitación únicamente había una cama pequeña y una muñeca de trapo sobre ésta. El cabezal de la cama era de madera y en la parte superior tenía grabado un pequeño ojo rojo. Decidieron que aquella habitación no les serviría para nada y se dirigieron a la última.

La última puerta también tenía una cerradura aunque a diferencia de la anterior estaba cerrada, Abel empezó a golpear la puerta para conseguir abrirla, al tercer golpe lo logró. Entraron poco a poco en la habitación, no esperaban ver lo que encontraron, el cuarto no tenía ni un solo mueble, solo estaban las paredes desnudas, y en el centro había una mancha negra causada seguramente por un fuego.

-¿Qué diablos significa esto? –dijo Abel con voz queda mientras observaba las paredes. En todas se repetía una única palabra llenándolas por completo, en diferentes tamaños, esa palabra era “Abel”.

———————————————————–

Recordad, un “Me gusta” es igual a un ¡sigue escribiendo! o con menos énfasis, como prefiráis.

Además, siempre que os apetezca podéis compartir la historia en las redes sociales para que le llegue a más gente.

¡Gracias por leerme!

PD: Ahora habrá una pequeña pausa en el pueblo de dos/tres semanas para que pueda avanzar algo la historia de Alas Rojas y otras que me gustaría publicar en breve.

Si queréis leer los siguientes o anteriores capítulos de El pueblo podéis pasar por AQUÍ.