Sexta parte de "El pueblo", ésta vez vuelven a salir Abel y Nadia, ¿cuál es el secreto que oculta la pirámide?

06 La_pirámide_o_el mausoleo_BN

La pirámide negra se alzaba ante Abel y Nadia, imponente e inamovible. Los árboles que la rodeaban estaban muertos, lo único que había sobrevivido allí era una hiedra que se enroscaba en los troncos de los árboles. La pareja estaba detenida delante de una de las caras del mausoleo, justo delante de la oxidada puerta de éste. Se habían quedado parados leyendo lo que había escrito sobre ella en una placa ennegrecida de mármol blanco.

Abel se había quedado sin palabras al ver lo que Nadia le había señalado. La placa de mármol tenia escrito: “Familia Espinosa del Pozo”. Sus apellidos, lo único que conservaba de su origen aparte de una borrosa imagen de sus padres. Al fin estaba en el buen camino y además acompañado por su amada, ya nada podría ir mal. Ambos se acercaron a la puerta para mirar a través de los cristales pero lo único que pudieron ver era una escalera que se hundía en la oscuridad, adentrándose en las entrañas de la tierra.

-Tenemos que entrar -Abel empezó a rodear la pirámide en busca de algo que les permitiese atravesar la puerta. Nadia empezó a seguirle hasta que logró cruzarse en su camino para detenerlo, tras eso lo miro directamente a los ojos.

-Sé que buscabas algo así… -suspiró-. Pero… No sé… Antes lo tenía bastante claro pero ahora me da un poco de miedo colarme en un mausoleo. Por favor no entremos… Ya sabemos lo suficiente -sus manos no habían parado de moverse en señal de súplica.

-Tranquila -dijo él mientras la agarraba por las muñecas para calmarla-. No nos pasará nada, ¿qué podría pasarnos en un mausoleo? -Abel mostró una sonrisa falsa para intentar animarla ya que tampoco las tenía todas con él.

-Muchas cosas… ¡Puede haber fantasmas! -su voz se debilitaba mientras lo decía, llevaba años creyendo en la existencia de espíritus pero nunca había encontrado pruebas de ello-. Bueno, entremos… Pero has de prometerme que si encontramos algo fuera de lo normal saldremos rápido.

-Te lo prometo -al decírselo le soltó las muñecas y la cogió de una mano.

Siguieron dando la vuelta a la pirámide hasta llegar de nuevo a la puerta, no encontraron nada que les indicase como entrar si no era por la puerta. Estuvieron allí parados un rato hasta que se dieron cuenta de algo, en ningún momento habían intentado abrirla. Se fijaron bien y en la puerta no había ninguna cerradura, ni cadena, únicamente había una manilla completamente oxidada a juego con el conjunto. Nadia agarró el pomo y éste cedió bajo la presión, tras eso empujó y la puerta se abrió provocando un gran estruendo a causa de las bisagras.

-Bueno… Ya sólo queda bajar -susurró Nadia evitando así que la oyese Abel.

-Tranquila, ya verás cómo ahí dentro no nos pasará nada -volvió a dedicarle otra sonrisa falsa sin que ella lo notase. No las tenía todas con él.

Encendieron las linternas y empezaron a descender por la escalera. Tanto los escalones como las paredes y el techo estaban hechos con el mismo mármol que la placa que reposaba sobre la puerta que acababan de cruzar. Las paredes estaban repletas de grabados, la gran mayoría protagonizados por dos hombres y una mujer. En uno de ellos, estaban los tres de frente ante un altar, mirándolo como si debiera surgir algo de él. En otro grabado, estaban de espaldas andando hacia una iglesia que había al fondo, en ese salía mucha más gente pero los tres eran los protagonistas indiscutibles. Los grabados se fueron sucediendo, mostrando diferentes escenas hasta que dieron con el más grande que además era el último. La última talla mostraba a la mujer sosteniendo un bebé en brazos y a uno de los hombres junto a ella rodeándola con un brazo mientras ambos miraban al niño con felicidad. Tras ellos a un lado de la representación aparecía el otro hombre, junto con alguien barbudo y una niña, la más joven de la representación si se excluía al bebé.

Siguieron bajando pero ahora sin ningún grabado a la vista, por alguna razón habían dejado de hacerlos. Llevaban cerca de veinte minutos cuando bajaron el último escalón. Habían ido a poca velocidad pero estaban seguros de haber descendido treinta metros cómo mínimo. Ante ellos se abría una sala grande con un umbral al fondo, empezaron a andar hacia él observando todo. El techo era de roca viva y las paredes estaban repletas de nichos sin nombre, seguramente a la espera de que alguien los ocupase.

Cruzaron el umbral y llegaron a una sala más pequeña con una salida al otro lado. La nueva habitación solo conservaba el suelo de mármol, tanto las paredes como el techo eran de la roca que se había excavado para hacer la sala. El centro estaba ocupado por dos sarcófagos tallados en piedra blanca, uno mostraba a la mujer de los grabados con el rostro completamente en paz, una paz eterna que nunca se podría perturbar. El otro sarcófago tenía tallado a un hombre que envolvía con un brazo a la mujer mientras miraba el bebé, su expresión era severa, parecía que a pesar de ser de roca intentaba que hubiese orden en el mausoleo.

-¿Y ahora qué? -preguntó Nadia con la esperanza de salir ya de allí.

-Tienen que tener nombres… – Abel se acercó a las esculturas para empezar a buscar-. Además, hay por donde seguir -apuntó con la linterna a la apertura que había al otro lado de la sala. Finalmente encontró los nombres, estaban detrás de las cabezas-. Ya está, ella se llamaba María del Pozo García y él… -las letras estaban borrosas-. Miguel Espinosa Franco, ninguno de los dos me suena más allá de mis apellidos -dijo mirando a Nadia.

-Puede que no tengan nada que ver contigo -se acercó al Abel y se sentó a su lado, él hizo lo propio, cuando lo hizo lo abrazó al instante, quería que estuviese bien por encima de cualquier otra cosa.

Estuvieron allí parados un rato, dejando que el tiempo pasase, a la débil luz de las linternas, hasta que finalmente decidieron que era la hora de volver a comer. Abel abrió la mochila y sacó lo que había traído, la mayor parte la había dejado en la posada. Tenían un poco de pan y queso, comieron y guardaron parte de las provisiones por si las necesitaban más tarde. La luz de una de las linternas se había debilitado y aprovecharon para cambiarle las pilas, tras eso se levantaron.

-Bueno… Ya es hora de seguir -Abel no estaba muy convencido, no le gustaba el aspecto que mostraba la zona del mausoleo donde se iban a adentrar. Ambos se levantaron-. Vamos -le ofreció la mano a Nadia y dio un paso al frente-, a ver dónde nos lleva.

Empezaron a caminar hacía la apertura de la pared, apertura que no era rectangular. No parecía hecha por ninguna persona, más bien aparentaba ser una fisura natural de la roca, si la había hecho alguien, se había esforzado mucho.

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La pirámide o el mausoleo va dedicado a @AgarMitzi, hoy ya hace un año que nos conocemos ^^

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