Ya llega el tercer capítulo de la serie "El pueblo", ¿qué puede pasarles a Abel y Nadia tras pasar por la taberna y el hostal?

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Cuando Abel y Nadia despertaron ya eran las dos de la mañana. A través de la ventana entraba la plateada luz de la luna, que quedaba recortada por el campanario de la negra iglesia. Decidieron comer algo de lo que habían traído con ellos, al coger la bolsa de la comida pudieron leer algo que había escrito bajo ella: “eran rojas” en italiano. Nadia cogió el móvil por costumbre, hasta que recordó que los habían apagado el día anterior por si los necesitaban en otro momento. Finalmente cogió la libreta donde habían escrito las dos frases anteriores y anotó la nueva. Aún no sabían si tenían algo que ver con lo que habían ido a investigar pero por si acaso no podían permitirse olvidarlas.

 -¿Qué te parece si salimos ahora? Así aprovecharemos más horas -dijo Abel mientras se asomaba a la ventana, al hacerlo pudo ver que por los vitrales de la iglesia salía una débil luz.

 -Bueno… Vale -respondió Nadia sonriendo.

 Abel abandonó la ventana y se quedó parado admirando la belleza de Nadia. Los rayos de luna le alcanzaban la pálida piel desnuda, llegando a hacer que ésta pareciese hecha de plata. El cabello le ocultaba completamente la espalda a excepción de dos mechones que le caían por delante cubriéndole así los pechos. Ella se giró a mirarlo.

 -¿Qué haces? -preguntó riendo.

 -Nada… -respondió Abel cortado por la pregunta-. Sólo pensaba en cuanto te quiero y lo guapa que eres… Y en la suerte que tengo de que hayas venido conmigo.

 -Tú también eres guapísimo y te quiero un montón -dijo mientras se acercaba él y lo abrazaba. Apoyó la cabeza en el desnudo pecho de Abel y estuvo escuchando los latidos de su corazón durante unos minutos. Finalmente se apartó de él-. Venga, tenemos que vestirnos, además, me gustaría poder darme un baño -tras eso se acercó a la maleta y empezó a remover su contenido, Abel por su parte hizo lo mismo.

 Nadia acabó escogiendo una blusa blanca que dejaba entrever el sujetador de encaje negro que llevaba y unos vaqueros a juego con éste. Abel por su parte se puso una camiseta azul ajustada y unos vaqueros del mismo color que ella. Se disponían a salir cuando él volvió atrás para coger un par de linternas y las guardó en su mochila, la escasa luz de la luna no les sería suficiente para pasear por allí de noche. Finalmente salieron intentando hacer el mínimo ruido posible para no despertar a la anciana, la puerta hizo el mismo molesto sonido que cuando habían llegado, pero no pareció que eso alertara a la hostalera.

Salieron a la plaza mayor que estaba completamente sumida en las tinieblas, lo poco que habían tardado en bajar había sido suficiente para que un grupo de nubes cubriesen la luna. El interior de la iglesia seguía iluminado y podía percibirse un poco de esa luz en las piedras negras que conformaban los muros. La combinación del negro de las rocas y la luz roja que provenía del interior le daba a la iglesia un aspecto fantasmal. Nadia se acercó al portón con la esperanza de poder ver u oír algo, tras ella Abel hizo lo mismo. La cerradura no dejaba ver nada por lo que apoyaron los oídos sobre la puerta de madera, en un principio solo pudieron oír murmullos, la gente hablaba demasiado bajo como para que sus voces atravesaran la gruesa madera. Finalmente una voz grave se alzó sobre la de los demás.

-Silencio hijos míos -ambos supusieron que sería el cura que se encargaba de esa parroquia-. No hay peligro alguno -tras eso todos callaron y el hombre de la voz grave bajo su tono hasta que para ellos quedó en un mero susurro. Acabaron apartándose de la puerta ya que no podían oír nada más, poco a poco se fueron alejando de la plaza mayor.

-¿Qué crees que quería decir con lo de que no hay peligro? -preguntó Abel-. Pienso que quizás es por nosotros, pero eso suena tan irreal.

-Yo pienso lo mismo pero tampoco lo veo muy viable -Nadia sonrió-. Venga cariño anímate -dijo mientras se le acercaba para darle un beso.

Siguieron andando por las calles desiertas del pueblo, usando las linternas para verse, por más que miraban las casas parecían deshabitadas y todas sin excepción estaban escritas. Estuvieron rondando por las callejuelas cerca de una hora hasta que consiguieron dar con un camino que les permitiera salir. A lo largo de esa hora la luna había aparecido y vuelto a desaparecer en repetidas ocasiones. Lo que vieron fuera del pueblo era el mismo prado que habían visto al llegar pero desde un punto diferente, desde donde estaban podían ver un bosque que no vieron entonces a pesar de saber que estaba allí. Decidieron ir hacia él ya que por lo que Abel recordaba de los mapas que estuvo mirando antes de llegar, por ese bosque cruzaba un río: un lugar ideal para bañarse.

Cuando llegaron al bosque pudieron ver que los árboles también estaban escritos, pero al igual que en el caso de la iglesia la escritura era diferente, las letras eran de un rojo carmesí intenso como si fuesen heridas hechas en la carne. Incluso en algunos puntos había parte del colorante que se había usado por fuera de las letras, como si fuera la sangre que había manado de esa herida cuando fue hecha. El espectáculo que ofrecía era más macabro de lo que seguramente sería con luz diurna, estuvieron allí parados unos largos minutos, hasta que finalmente decidieron entrar.

Empezaron a avanzar poco a poco dado que el suelo estaba repleto de nudosas raíces y la luz que les ofrecía la luna era cada vez más débil a consecuencia del manto de ramas y hojas cada vez más espeso que había sobre sus cabezas. Paso poco tiempo hasta que los rayos de luna dejaron de llegar por completo, a su alrededor se podía oír el ruido que hacían los animales al moverse y el sonido de un fuerte viento atravesando las ramas. Más de una vez se asustaron al oír ruidos cerca de ellos y en todas las ocasiones descubrieron que los habían provocado algún animal. Más de una vez tropezaron y cayeron ya que había algún obstáculo que no habían podido ver a consecuencia de la escasa luz que ofrecían las linternas. Tras andar por el bosque cerca de cuarenta minutos pudieron oír el rumor del agua al correr.

Siguieron el sonido en dirección al río, cuanto más se acercaban más rayos de luna llegaban hasta donde estaban. Cuando finalmente llegaron al río pudieron ver que era una zona en la que el bosque se despejaba lo suficiente como para que quedase completamente iluminada por la luna. Una vez llegaron a la orilla Abel dejó la mochila en el suelo y se sentó, Nadia en su lugar había empezado a desabrocharse la blusa para meterse lo antes posible en el agua. Cuando se quitó el sujetador se dio cuenta que él no estaba haciendo lo propio, así que se le acercó por la espalda, se arrodilló tras él y lo abrazó con fuerza.

-Venga amor, quiero verte sonreír -acabó diciendo en un suspiro. Tras eso le metió las manos bajo la camiseta y empezó a tirar de ella hacía arriba, Abel no opuso ninguna resistencia y como recompensa cuando acabó de quitársela Nadia le dio un beso en el cuello, acto que a él le provocó un amago de sonrisa-. Ya veo lo que quieres -dijo ella con una sonrisa pícara.

Estuvieron en el río cerca de una hora, hasta que finalmente volvieron a ponerse en marcha adentrándose de nuevo en el bosque. Tras pasar esa placentera hora en el río sus ojos se habían acostumbrado a la luz que les ofrecía la luna por lo que esta vez les costaba más ver por dónde iban. Los árboles entre los que caminaban ahora eran distintos a los que habían visto antes, eran más altos, sus cortezas más oscuras y las letras de mayor tamaño y de un carmesí más intenso; en uno de ellos pudieron leer: “entre los árboles se alzaba”. Tras andar durante un rato y sin saber en qué dirección iban dieron con un camino hecho con adoquines de piedra. La senda descendía por uno de sus lados  y por el otro ascendía, lo pensaron y finalmente se decantaron por subir. Al poco tiempo, en lo alto de camino, pudieron ver una verja alta de hierro rodeada de un arco de piedra.

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La tercera parte va dedicada a @AgarMitzi, es su premio por ser la mejor vidente del año ^^

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