Abel y Nadia empiezan a leer el libro del peculiar amigo de Laura. ¿Qué historia contará ese libro que quiere la pequeña que le lean? ¿Será una invención de su amigo o por el contrario será verdad?

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Jacobo entró en la plaza, llevaba sin entrar al pueblo muchos años. El cabello gris y grasiento le caía por la espalda hasta la altura de las rodillas, la barba por su parte le llegaba hasta la altura del estómago. Miró su ropa antes de dar un paso más, estaba gastada y agujereada por múltiples lugares, la última vez que había estado allí la ropa que llevaba estaba en perfecto estado. No quería entrar en la iglesia negra con aquel aspecto pero llevando años en el bosque no le quedaba alternativa.

Miró la iglesia y le sorprendió lo que vio, el campanario no estaba, en algún momento había caído sobre el hostal. Tras ver esa desoladora imagen empezó a andar hacia las puertas de la iglesia. Hacía mucho que había perdido la mayor parte de su fuerza a consecuencia de la mala alimentación que había tenido mientras vivía en el bosque, por ello tuvo que apoyar todo su peso en la puerta para abrirla. Cuando lo logró cayó al suelo del impulso. Se levantó como pudo ya que sus débiles huesos no estaban preparados para recibir aquel golpe, tras eso se dirigió al altar.

Mientras avanzaba iba mirando el gran vitral rojo del fondo, le parecía que lo estaba observando pero lo desestimó enseguida, únicamente era otra muestra de la paranoia que lo había mantenido con vida tanto tiempo. Todavía le costaba de creer que había atravesado todo el pueblo sin cruzarse con nadie a parte de los cuerpos de los que fueran sus amigos mucho tiempo atrás. Tanto tiempo alejado de su hogar para comprobar que nada le habría impedido volver.

Una vez llegó al altar se arrodilló y empezó a apartar las pequeñas piedras que se habían desprendido al caer el campanario. Tras apartar unos cuantos cascotes encontró lo que estaba buscando, una pequeña trampilla. Acabó de apartar todo lo que había sobre ella y empezó a tirar de la anilla para abrirla, tuvo que usar toda su fuerza para conseguirlo pero al fin obtuvo su recompensa.

Jacobo cogió el libro que había en el pequeño espacio que se había abierto ante él y lo observó, la portada era de cuero completamente negro, sin nada más. Lo abrió y comprobó que las amarillentas páginas estaban impolutas, sin que una sola gota de tinta las hubiese llegado a tocar. Cuando cerró el libro cogió el pequeño tintero y la pluma que también había guardadas. Una vez cogido todo lo que había allí guardado se levantó y se dirigió a uno de los múltiples bancos que plagaban el interior de la iglesia.

Abrió el tintero y lo dejó junto a él con cuidado, temía la posibilidad de perder la única tinta de la que disponía. Cogió la pluma y hundió la punta en el tintero, tras eso la dirigió al papel, el movimiento hizo que una gota de tinta cayera en una esquina de la primera página pero no le dio importancia. Lo único que importaba era escribir aquello por lo que había ido a la iglesia.

Pausa ojo2

Mi nombre es Jacobo Torres Gala y mientras me encuentro escribiendo éstas líneas temo por mi vida pero ante todo temo por la tuya, pues la mía ya sé que está perdida. Temo que Él me vea mientras estoy escribiendo estas líneas, que pueda verte a ti mientras las lees. Antes de que sigas leyendo quiero pedirte algo, corre, huye de este lugar y una vez estés bien lejos párate y lee todo lo que voy a contarte. Debes huir antes de que Él te vea, si lo hace nunca te dejará ir, te retendrá aquí como ha hecho conmigo a lo largo de los años.

Hace años que pensé que había logrado huir de él pero no es cierto, es imposible hacerlo. No quería darme cuenta pero lo único que ha pasado es que se ha dedicado a jugar al gato y al ratón conmigo, tocándome a mí el más desagradable de los papeles. He sido su juguete a lo largo de treinta años pero ya me he cansado de ello, por eso ahora me encuentro sentado en la que antiguamente fue la iglesia de mi hermano escribiendo éste texto.

Si has tardado mucho en llegar y me encuentras muerto, quizá pienses que soy un loco, un demente que murió tiempo atrás. Debes saber que no lo soy, escribo éstas líneas completamente cuerdo y en el que seguramente es el último acto de valentía que podré llevar a cabo en mi vida.

Sé que no nos conocemos y que probablemente nunca lo hagamos pero por favor, créeme. Él existe y puedo asegurarte que no importa cuanto hayas tardado en llegar, si has tardado un año desde que te dejo ésta advertencia o si han pasado veinte. Pase el tiempo que pase, estará esperando, porque eso es lo que Él hace, esperar. Espera a que la gente se acerque hasta donde está, así logró liberarse hace años, y de la misma forma ha logrado mantenerme alejado del lugar donde nací. Siempre haciendo que me sintiera amenazado, cuando realmente creo que no había tales peligros pues de haberlos habido, creo que hoy no me encontraría aquí.

He perdido toda esperanza de sobrevivir en éste lugar maldito que antaño fue mi hogar. Todo lo que había, todos los sueños y vidas fueron destruidos a consciencia por Él. Únicamente dejó que yo sobreviviera y creo que lo hizo para divertirse, para ver como me he ido rompiendo a lo largo de los años de soledad que he sufrido, de la perdida de todo cuanto conocía… Se ha estado regocijando en mi sufrimiento todo este tiempo por eso he decidido que ya es hora de que le plante cara.

Antes de seguir y contarte todo lo que pasó y como llegó Él aquí, quiero suplicarte de nuevo que huyas de aquí antes de seguir leyendo. ¡Rápido! ¡Corre! ¡O el Ojo te verá!

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