Abel finalmente despierta del recuerdo de su pasado para reunirse con Nadia. Vana seguir investigando, ¿qué les deparará el destino éste día?

16 Luz_BN

Abel se despertó para descubrir que había estado llorando al soñar lo sucedido con Ainara. Nadia no había dejado de abrazarlo en toda la noche y ahora, que los rayos de sol invadían el bosque, seguía abrazándolo.

–Tranquilo cariño –susurró ella mientras acercaba el rostro de Abel para que pudiera hundirlo en su hombro–. Ya ha pasado, ya estás conmigo. ¿Vale? No pienso dejarte solo –Nadia lo abrazó con más fuerza para confirmarle lo que había dicho–. Ya verás como dentro de poco estarás bien.

–Gracias –consiguió murmurar Abel–, gracias por venir hasta aquí… Por seguir a mi lado.

–No has de agradecer nada, tonto. Lo más importante para mí es que estés bien. Si eso implica venir hasta este maravilloso destino turístico lleno de lujos pues mejor aún –Abel sonrió y Nadia le devolvió la sonrisa.

–Gracias, eres genial.

–No tanto como tú. Te quiero.

–Yo también te quiero  y eso no es cierto, tú lo eres más –finalmente ambos aflojaron el abrazo en el que se habían atrapado–. ¿Te apetece comer algo?

–Vale –respondió Nadia sonriendo–. Tenemos cecina, pan y manzanas. ¿Qué te apetece?

–La cecina está malísima… No sé por qué acabamos trayéndola.

–Oh, yo sí. Tenemos que llevarnos cecina, es lo que más nos alimentará, además está muy buena –aclaró Nadia imitando a Abel–. Vamos Nadia, ya verás como te gustará –terminó ella. Abel empezó a reír.

–Lo haces muy bien –dijo Abel intentando dejar de reír–. Supongo que un poco de cecina con pan, así será un poco más pasable. Realmente esperaba encontrar un sitio para comer o algún sitio para comprar la comida.

–Ya… Yo también lo esperaba –añadió Nadia con pesar–. Pero no lo hay, así que podemos disfrutar de esta maravillosa comida –sonrió.

Abel y Nadia se sentaron a la sombra de un árbol para protegerse de los fuertes rayos de sol y empezaron a comer. Ambos estuvieron haciendo pequeñas bromas para intentar olvidar el lugar en el que se encontraban. Dejaron que el tiempo corriese como si fuera ajeno a ellos y pasadas dos horas se pusieron en pie para intentar volver al pueblo. Ambos miraron la pequeña caseta en la cual se escondía la escalera de caracol que les permitiría volver a la casa de la colina pero, desecharon la idea al instante, no querían volver allí.

Empezaron a adentrarse de nuevo en aquel bosque cuyos árboles no estaban escritos a diferencia de los primeros que habían visto. Quienes se hubieran dedicado a marcar todo con letras no habían querido llegar tan lejos. Mientras andaban iban fijándose en todo lo que los rodeaba y hubo algo que les llamó la atención y en lo que no habían reparado antes, no habían visto ni oído a ningún animal. Se detuvieron para asegurarse, lo único que se oía eran sus respiraciones, a la espera de que algún ruido ajeno a ellos les quitara la razón pero ese sonido nunca llegó.

–Abel, esto da un poco de miedo –dijo Nadia preocupada–. ¿Cómo es posible que no haya ni un animal en el bosque? Es que ni uno, no puede ser normal.

–Ya, lo sé, no me gusta nada. Quizá solo estamos pasando por una zona donde no hay animales. El bosque es grande, seguro que hay animales en alguna parte –cada palabra que iba añadiendo provocara que tuviera menos convicción en ello.

–Pero es que yo no he oído nada. Creo que desde que entramos ayer en el bosque no he oído ningún animal… Hemos recorrido bastante bosque como para que ya hubiésemos notado a alguno, ¿no?

–La verdad es que sí, deberíamos de haber oído el canto de un pájaro como míni… –Abel no pudo terminar de hablar.

La imagen de un ojo rojo había invadido la mente de Abel provocándole un fuerte dolor de cabeza que hizo que cayera al suelo inconsciente. Pasaron unos minutos hasta que logró abrir los ojos y cuando lo hizo pudo ver como Nadia lo abrazaba mientras lloraba. Cuando vio los ojos de Abel abiertos, Nadia le rodeo el rostro con sus manos y lo besó, tras eso separó sus labios de los de él. Tras eso liberó su cara.

–No vuelvas a hacer eso por favor, me has dado un buen susto. Por un momento he pensado que… –no pudo terminar de decir lo que había pensado, le parecía demasiado horrible para eso. Las lágrimas no habían dejado de deslizarse por sus mejillas.

–Yo… Lo siento, no sé qué me ha pasado pero estoy bien, créeme –Abel pasó acercó su mano con delicadeza a Nadia  secó sus lágrimas con un dedo–. Estoy aquí, ¿vale? No va a pasarme nada.

–Vale… –Nadia no quería imaginar la posibilidad de quedarse sola. No allí, no en ningún lugar, necesitaba a Abel, finalmente lo liberó de la presa que era su abrazo para poder seguir avanzando.

Pausa ojo2

Estuvieron andando más de dos horas sin encontrar ningún camino que les permitiera bajar, cuando se dieron cuenta de que habían llegado a una nueva zona del bosque. Los árboles que había ante ellos eran completamente distintos a todos los que habían dejado atrás; casi todos eran abetos, salteados por algún pino que parecía haberse infiltrado.

Avanzaron poco a poco por ese nuevo bosque, evitando golpearse con las ramas bajas de los abetos. Tras un rato andando y con nuevos arañazos en los brazos y en la cara vieron un árbol completamente distinto, un roble que parecía tener más de doscientos años. Se acercaron a él y lo rodearon, admirando la belleza de su tronco y de sus ramas.

Una vez pasado el roble dieron unos cuantos pasos más y se quedaron completamente quietos. Frente a ellos se erigía lo único que no esperaban encontrar en aquel bosque. Otro pueblo.

——————————————————————-

Si quereis leer el resto de capítulos de El pueblo podeis pasar por AQUÍ.