Abel sigue inmerso en su sueño y Ainara no deja de perseguirlo pero ésta vez le hará frente. ¿Qué pasará en ese sombrío bosque donde se ve atrapado Abel? ¿Logrará huir de las retorcidas garras de Ainara?

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Abel cayó al suelo y una inyección de dolor invadió su frente cuando ésta golpeo contra una roca. Intentó moverse pero fue incapaz con el peso de Ainara sobre él. Notó como ella se ponía de pie sobre su espalda para evitar que pudiera levantarse.

–Parece que no podrás huir, ¿verdad niño travieso? –Abel intentó librarse de ella con más ímpetu pero lo único que consiguió fue que una flecha se clavara junto a su nariz–. No, esta vez no lo lograrás –añadió sonriendo.

Abel no dijo nada y se detuvo unos minutos, hasta que notó que ella se relajaba. Cuando lo hizo la cogió por el tobillo y tiró con todas sus fuerzas consiguiendo así que cayera sobre su espalda. Aprovechó la confusión momentánea de Ainara para darse la vuelta y empezar a levantarse para  así poder enfrentarse a ella. Lo que vio lo detuvo un momento, prácticamente toda la mitad izquierda del rostro de Ainara estaba cubierta de sangre, la zona de la herida que le había provocado anteriormente estaba completamente hinchada y le impedía abrir bien el ojo.

El instante de vacilación de Abel sirvió para que Ainara se recuperase y lo golpease en el pecho haciendo que cayese de nuevo al suelo. Ainara se puso sobre él y cogió una flecha pero no llegó a ponerla en el arco ya que Abel le propinó un puñetazo en la cara que hizo que cayera al suelo. Tras eso se levantó, le quitó el arco y lo rompió, no sin antes fijarse que en la talla de la madera había un gran ojo que quedó partido por la mitad. Tras eso dejó caer el arco.

–Puta chiflada –dijo mientras se acercaba a Ainara–. ¿Se puede saber qué te pasa?

–¡Tú! –respondió con ira. Seguidamente barrió con la pierna derecha la zona donde estaba Abel para hacerlo caer. Cuando cayó saltó sobre él y le clavó una flecha en el hombro izquierdo, Abel reunió todas sus fuerzas para no gritar–. ¿De verdad no lo sabes Abel? ¿No me recuerdas? Tú eres lo que me pasa, lo que nos pasa –lo último que dijo Ainara estaba completamente envenenado de ira–. Siempre serás tú, no hiciste lo que debías –volvió a clavar la flecha en el hombro de Abel y él no pudo evitar gritar de dolor esta vez.

–Déjame, no sé de qué me estás hablando. Nunca te había visto…

–Claro que lo habías hecho –interrumpió Ainara–. Crecimos juntos, cuando tenías doce años fue la última vez que nos vimos –una única lágrima cruzó su mejilla derecha.

Abel no sabía de lo que le estaba hablando Ainara, estaba seguro de que no la conocía de nada. Cuando volvió a reparar en la herida de la frente de ella recordó la otra piedra, la que había guardado en su bolsillo y empezó a mover el brazo poco a poco para alcanzarla.

–Te odio Abel, eres lo peor que nos pasó a todos. Deberías… –calló de repente al recibir un golpe de la piedra en la mejilla izquierda. Empezó a tambalearse desorientada y entonces vino un segundo golpe, sobre la oreja, con ese cayó al suelo. Por último un tercer y cuarto golpe sobre la cabeza que la dejaron completamente inconsciente.

Abel se detuvo unos minutos mirando su brazo derecho salpicado por todas partes con minúsculas gotas de sangre de Ainara. Finalmente se dio cuenta de que aún estaba sujetando la piedra y la dejó caer junto a él, tras eso comprobó la respiración de Ainara y cuando supo que no respiraba se relajó. Estuvo allí parado bastantes minutos más, sujetando su hombro izquierdo a causa del dolor causado por la herida que le había provocado Ainara. Los ojos de Abel se fueron cerrando poco a poco a consecuencia del cansancio y de la pérdida de sangre y sin darse cuenta se vio atrapado por el dulce abrazo del sueño.

Abel se vio a sí mismo de niño, junto a un hombre barbudo y rollizo de rostro borroso, que iba vestido con algún tipo de túnica. Junto a él una mujer joven de cabello muy largo y oscuro, su cara también era borrosa pero a pesar de ello parecía bastante joven. Vio a mucha más gente que los rodeaba pero eran sombras indefinidas que se iban apartando para dejar paso al pequeño Abel y a las dos personas que les acompañaban.

Lo siguiente que vio fue un gran ojo rojo que lo observaba desde la distancia, parecía aterrador. Poco a poco se fue acercando a él, estaba asustado pero sus pies lo arrastraban poco a poco. Cuando se dio cuenta estaba completamente sólo, únicamente estaban el ojo y él en aquel oscuro lugar. Cuando llegó hasta él lo deslumbró. Las siguientes imágenes pasaron muy rápido pero en ellas reinaban la oscuridad y la sangre.

Abel se despertó tiritando y con todo el cuerpo dolorido y mojado a consecuencia de la lluvia que había invadido el bosque al igual que la oscuridad de la noche. Se levantó y sintió una fuerte punzada de dolor en el hombro herido, lo que le recordó a Ainara. La miró, seguía allí, sin haberse movido y extremadamente pálida, enseguida se dio la vuelta y empezó a andar para alejarse de ella. Pasó dos horas andando entre los árboles sin un rumbo fijo, hasta que finalmente logró llegar a aquella carretera que había visto horas antes.

Se sentó en el arcén con la espalda reposada en un árbol a la espera de que pasara algún coche que pudiera llevarlo. Las horas se fueron sucediendo una tras otra a la espera de que pasase ese coche que tanto necesitaba Abel. La luna fue cruzando el cielo hasta que empezó a esconderse para dejar paso a los primeros rayos de sol. Finalmente su espera se vio recompensada ya que junto con el sol vio un coche acercándose. Abel se levantó y empezó a hacer señas para que se detuviera y el conductor detuvo su coche con suavidad junto a él. En cuanto vio como estaba Abel, el hombre, que rondaba la cincuentena vestía un traje, se bajó para ayudarlo.

–¿No eres el chico ese al que busca todo el mundo? –preguntó con una voz ronca.

–No lo sé… Por favor, lléveme a un hospital… –logró decir Abel antes de desmayarse.

Pausa ojo2

A lo lejos, en el interior del bosque, Ainara empezó a moverse. Poco a poco se fue levantando dispuesta a seguir a Abel pero algo la detuvo. Una llamada lejana le pedía que volviera a casa y eso hizo.

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Aquí os dejo todos los capítulos de El pueblo, espero que los disfrutéis ^^

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Espero que os haya gustado y siempre que os apetezca podéis dejar en los comentarios que os ha parecido. En fin, buenas tardes y tened un gran día 🙂