Hoy podréis leer un pequeño intento de cuento/fábula que he escrito. Es un pequeño relato que espero que os guste, su protagonista es un elfito ^^

Érase una vez un elfo búho que salió de su hogar en busca de su misión en la vida, pues todos los elfos búho tenían una. Estuvo tiempo vagando por montes y caminos, sin éxito alguno y sin tampoco hacer amigos pues lo único que le preocupaba era encontrar la misión que lo definiría como un auténtico elfo búho.

Andando que andarás un día llegó a las puertas del bosque azul, porque todo bosque debe tener unas puertas. Lo primero que hizo fue llamar, muy mal visto sería por sus ocupantes si entrara sin advertirles pues denunciarle a la ley podrían. Pasados unos minutos le abrió la puerta un enano jabalí, conocidos por todos era que hospitalarios no eran. Nada más verlo le dijo que se fuera y lo dejó en las afueras.

El elfo pensó que quizá su misión allí se encontraba y mirar cada rincón le quedaba. Pensado eso, la puerta abrió con la esperanza de que el hosco lugareño allí no se encontrara. Y así fue como el primer elfo búho en el bosque azul paseara. Se subió al primer árbol que encontró, pues desde pequeñito escalaba. Fue correteando de rama en rama, ocultándose de todos los enanos que hallaba.

Finalmente se encontraba en una ventana, pues como siempre había sabido era la única forma de que luz se filtrara. La abrió con cuidado, pues no quería hacer más ruido del que debía o enseguida lo echarían. Cuando abierta la ventana estuvo saltó a través de ella, para ir a parar a un prado de roja hierba.

Las hojas de las plantas de rubí eran mientras que las flores por esmeraldas estaban formadas. El centro de todo el claro cubierto de blanco estaba pues de nevar no dejaba. El pequeño elfo búho la nieve desconocía y a ella se lanzó con energía. Llegó al centro de la blanca capa y allí algo que no esperaba había. Sorprendido se hallaba ante un gran huevo blanco, pues por lo que sabía quiénes ponían esos huevos murieron ya hacía muchos días.  Quien dice días habla de años pues todos sabemos que los elfos ven el tiempo de forma distinta, en especial los elfos búho pues la noche les regía. Al fin su misión había encontrado, pues al huevo un padre le faltaba.

Volvió a atravesar el bosque azul, pues salir de allí debía. Ahora que su misión tenía volver a casa podía. Atravesó poco a poco los mismos caminos que en su día anduvo, siempre en compañía del frío de la nieve y del huevo que dormía.

Cuando llegó a su pueblo todo el mundo sorprendido se encontraba, nadie esperaba que el pequeño elfo búho volvería y aún menos con la nieve que traía. Cuando llegó a su casa en el jardín se aposentó, pues el huevo eso le pedía. Se estiró en la aún violácea hierba abrazando a su pequeño amigo dormido, pues incubarlo debía si su misión quería ver cumplida.

Pasó días, pero de los de verdad, allí estirado, abrazando al que había sido su compañero de fatigas. Cuando finalmente la nieve lo cubría el huevo un poco se movía. Estuvo así unos días más hasta que finalmente la cría del caparazón salió. Pudo ver como abría sus blancas alas, intentando volar la muy chiquilla. Él la tranquilizó, contándole historias, las historias de sus padres, las historias que hablaban de los fénix de hielo.

Los dos crecieron juntos, pues el uno para el otro hechos estaban, hasta que finalmente el pequeño fénix se hizo grande para volar, y como de otra forma no podía ser alzó el vuelo para ver lejanas tierras pero siempre con el que era su amigo de toda la vida.