Lucas ya sabe que es lo que hizo el hombre de pelo negro a Amlia por lo que únicamente le queda actuar en consecuencia. Todo a cambiado para él y tiene un claro objetivo, asegurarse de que aquel hombre nunca vuelva a acercarse a Amalia. Además, también está Dulce, la chica que Lucas conoció en Rosebud, la cual ha pasado la noche en su piso.

Relatos de Ilya 2 - Devocion_Titulo_Conclusion2

Domingo – 30/03/2014

Lucas llevaba oyendo ruido en el piso desde hacía más de dos horas pero no se había movido del lado de Amalia en ningún momento. Poco a poco fue dejandola sobre la cama sin que ésta llagara a despertarse, finalmente salió de la habitación sin hacer ruido alguno. Fue directo al salón y se encontró a Dulce acurrucada a un lado del sofá vestida únicamente con una de sus camisetas.

–Buenos días –bajó el sonido del televisor–, ¿cómo te llamas? Oh, perdona, yo me llamo Dulce. Siento lo de la camiseta pero… Bueno, ya sabes cómo vine.

–Buenas Dulce –se sentó a su lado–, me llamo Lucas, no te preocupes por la camiseta, puedes quedártela si quieres. Si quieres podemos ir a tu casa a coger algo de ropa.

–No… No quiero volver allí –dirigió su mirada a las marcas que había en sus muñecas–. No hay nada bueno allí…

–Tranquila, puedes quedarte aquí, lo único que hasta mañana no podrás tener ropa… Vamos, creo que Amalia y tú no tenéis la misma talla –dijo mientras miraba la delgadez de Dulce.

–Si la recuerdo bien no, dudo de que usemos la misma talla, no le des importancia, estoy cómoda con esto –dijo estirando un poco la camiseta para cubrirse más–. Aunque bueno, mañana no puedo salir con esto a la calle… Quizá debería ir a mi casa…

–Puedo llevarte cuando despierte Amalia, no es problema.

–Vale, sí, cogeré lo justo para poder salir mañana.

Dulce volvió a darle volumen a la tele y tanto ella como Lucas se quedaron en silencio mirándola. Habían interrumpido la programación normal para dar un especial sobre un asesino en serie apodado el Creador de Ángeles, por lo visto esa noche había vuelto a actuar. Lucas no le prestó atención, no le gustaban esa clase de noticias, temía que algún día fuese él quien las protagonizara. Todo el mundo se sorprendería de ello, excepto algunos casos individuales entre los que estaba incluido su padre.

Amalia entró en el salón, tenía el pelo desarreglado y los ojos estaban rojos a consecuencia de todo lo que había llorado. Aún llevaba el vestido que se había puesto la pasada noche. Se sentó en el sofá sin decir palabra hasta que finalmente se decidió a hablar.

–¿Se quedará con nosotros? –dijo mirando a Dulce con preocupación.

–Esto… Sí…

–Vale, eso esperaba, parece que lo ha pasado bastante mal, no me gustaría que le ocurriera nada más. ¿Cómo te llamas?

–Dulce –respondió algo avergonzada por lo que acababa de decir Amalia–. Gracias por dejar que me quede.

–De nada, yo soy Amalia –dijo sonriendo mientras miraba a Lucas, él nunca traía a nadie, si lo había hecho con ella debía de importarle. Volvió a mirarla–. ¿Quieres que te deje algo de ropa? Antes estaba más delgada, quizá tenga algo que te vaya bien.

–Vale –dijo Dulce algo animada con esa posibilidad, gracias a Amalia podría evitar ir a su casa.

Las dos chicas salieron del comedor y se dirigieron a la habitación de Amalia dejando a Lucas sólo. Faltaba una habitación en ese piso si se quedaba Dulce, el lunes hablaría con la inmobiliaria que llevaba el piso de al lado para comprarlo y unir ambos pisos, así tendrían espacio para los tres.

El día avanzó tranquilo, lo único que hicieron los tres fue conocerse mejor entre ellos. Amalia no volvió a decirle nada a Lucas sobre lo que le había contado la noche anterior, a pesar de ello él lo tenía bien presente.

Pausa

Domingo – 13/04/2014

La vida de Lucas había cambiado mucho a lo largo de las dos últimas semanas, ya nunca salía a correr sólo, ahora lo acompañaba Dulce y también Amalia que se había animado a correr. También había dejado de salir a correr los fines de semana, pero ese domingo se decidió a salir de nuevo.

Salió a la calle sólo y le recibió el frío aliento del viento y la oscuridad de la noche. Los últimos días casi no había salido de casa a excepción de correr, había estado encerrado casi todo el tiempo con Dulce. Ayudando como podía a que se enfrentara a sus demonios y los venciera. Por otra parte también había hablado mucho con Amalia, aunque lo que más le importaba de esas conversaciones fue algo que le dijo, dos años atrás, el hombre de cabello negro la cogió y se la llevó a una cabaña en un bosque cercano a Barcelona. Enseguida que Lucas lo supo se puso en contacto con Alek, el “amigo” que le había preparado la documentación falsa, para ver si con la poca información que tenía podía averiguar algo de ese hombre.

Aleksei llamó dos días después para decirle que no había encontrado nada, pero que vigilaría las cámaras que había alrededor del piso por si volvía a acercarse. Lo bueno de Alek siempre había sido que cumplía con su faena fuera cual fuera. Lo que más preocupaba a Lucas era no saber quién era el desconocido, estaba en completa desventaja contra él, sólo sabía que el día veintitrés iría a por Amalia. La segunda cosa que más le preocupara es que su “amigo” no consiguiera dar con nada que llevara hacia el desconocido. Todas las personas dejaban algún rastro ya fuera físico o virtual pero él no, era como una sombra, de hecho Lucas lo bautizó para si como Sombra.

Mientras Lucas iba absorto en sus pensamientos unas manos se posaron sobre sus hombros. Rápidamente se giró para descubrir que era Dulce, su aspecto era muy diferente al de la primera vez que la vio. Llevaba pantalón y camiseta de manga larga oscuros, que ocultaban a la perfección todas sus heridas, sin embargo el mayor cambio fue su nuevo color de pelo, había decidido dejarlo más corto y teñirlo de rosa.

–Te he oído salir, ¿querías librarte de mí? –preguntó Dulce con falsa ofensa.

–Sabes que sería incapaz de hacer eso –sonrió–. ¿Seguimos?

–Claro, aunque no podrás alcanzarme –dijo mientras se alejaba.
Lucas empezó a correr tras ella después de dejarle unos segundos de ventaja. Vio como giraba por una calle estrecha por la que estaba prohibida la circulación de vehículos. Lo que vio al llegar lo dejo paralizado un momento, frente a él estaba Sombra, era inconfundible. El cabello era negro y corto, los ojos marrones, la piel morena y una cicatriz cruzaba su cuello. Sombra tenía una mano oculta tras su espalda y a sus pies estaba el cuerpo de Dulce, aún viva pero con una herida en la cabeza que no dejaba de sangrar.

–Llevo días esperando éste momento –la voz del desconocido estaba vacía de todo sentimiento–. Hace tiempo que eres una molestia, no quiero que estés cerca de ella.

–Por tu bien espero que no le ocurra nada –respondió Lucas dejando entrever la preocupación que sentía por Dulce ya que no podía apartar la mirada–. Por otro lado –miró directamente a los ojos del hombre–, no vas a volver a tocar a Amalia en tu vida –el tono se había vuelto gélido.

Lucas se lanzó rápidamente contra Sombra pero éste lo esquivó, tras eso se preparó para la siguiente arremetida de su rival. Cuando Lucas se volvió a dirigir hacia él, Sombra levantó la mano derecha y dejó a la vista la vara de hierro que había utilizado para herir a Dulce. Lucas la vio como empezaba a descender la vara hacia su cabeza justo a tiempo de interponer el antebrazo izquierdo en la trayectoria del golpe. Gritó, gritó del dolor que sintió al notar como se le rompía el hueso. Sombra le dio una patada y cayó al suelo. Tras eso empezó a golpearle la cabeza repetidas veces, hasta que Lucas dejo de retorcerse de dolor. Sombra comprobó su pulso y sonrió al comprobar que había muerto.

Pausa

Miércoles – 23/04/2014

Abrió los ojos con dificultad, lo primero que vio fue la melena rosada de Dulce y cómo ésta se abalanzaba donde él estaba para abrazarlo. Estuvo así unos minutos hasta que finalmente lo soltó. Los médicos aparecerían en breve al comprobar las constantes de Lucas.

–¿Qué ha pasado? –preguntó él con dificultad.

–Alguien nos atacó, no pude verle bien… A mí me dejó inconsciente pero tú… Él… Te… Durante horas pensé que no volvería a verte con vida… Estabas a punto de morir cuando llegó la ambulancia, tras es estuviste en peligro de muerte dos días. No despertaste pero como mínimo fuiste yendo a mejor –Dulce se volvió a abalanzar sobre Lucas para volver a abrazarlo–. Amalia y yo hemos estado muy preocupadas, siempre que podíamos estábamos aquí contigo.

Lucas no respondió necesitaba tiempo para asimilar lo que le había dicho Dulce. Alguien los había atacado pero ¿quién? Iba a preguntárselo cuando tres médicos entraron en la habitación, lo primero que hicieron fue sacar a su amiga de la habitación. Tras eso empezaron a hacerle preguntas. Gracias a esas preguntas descubrió que su antebrazo izquierdo estaba roto y a través de los comentarios supo que había recibido cinco golpes fuertes en la cabeza. Esos golpes fueron los que le dejaron en coma. Pensándolo bien no sabía cuánto había pasado desde que le atacaron, Dulce había dicho dos días pero…

–Disculpe –dijo dirigiéndose a uno de los doctores que le atendían–. ¿Qué día es hoy?

–Hoy es Sant Jordi –vio la mirada de alarma de Lucas–, tranquilo, tú novia ha estado aquí prácticamente todo el tiempo, no creo que le importe mucho que no le regales una rosa –sonrió pensando que había dado en el blanco de las preocupaciones de Lucas.

Lucas empezó a alarmarse, era el día que Sombra había dicho que iría a por Amalia, no podía quedarse allí, tenía que protegerla, se lo había prometido. Al pensar en Sombra le vino a la cabeza lo que hizo, él fue quien le atacó, quien hirió a Dulce. Intentó levantarse pero los médicos se lo impidieron, tras dos horas le dejaron a solas en la habitación con la promesa de volver a por él para hacerle diferentes pruebas. No llegó a pasar un minuto cuando Dulce atravesó el umbral de la puerta, nada más verlo sonrió y se lanzó a abrazarle de nuevo.

–Dulce… Tienes que ayudarme… Tengo que salir de aquí… –le costaba hablar pero tenía que salir de allí–. Amalia… Amalia está en peligro… ¿Qué hora es? –se acababa de dar cuenta de que no sabía la hora, podía ser demasiado tarde.

–Hace un rato eran las nueve de la noche –dijo algo confundida–. ¿Por qué está en peligro? –mientras lo decía Lucas ya se había sentado en la cama dispuesto a levantarse.

–Sombra… Él amenazó con llevársela, es quien nos atacó… Soy el único que puede salvarla, por favor… –Dulce dudó un instante pero al ver el brillo de resolución en los ojos de Lucas aceptó–. Tráeme mi ropa –ella le hizo caso y Lucas se desenganchó las vías y se quitó la bata–. Lo siento -se disculpó a causa de su desnudez.

–Oh –sus mejillas se sonrojaron–, no pasa nada –añadió sin apartar la mirada en ningún momento del cuerpo de Lucas.

Todo le daba vueltas, los golpes que había recibido le habían afectado más de lo que creía. Era incapaz de vestirse a causa del vendaje de la cabeza y el enyesado del brazo, finalmente Dulce le ayudó, tras eso salieron de la habitación, Lucas se apoyaba en ella para evitar caerse al suelo. Cada poco paraban y ocultaban para evitar que el equipo médico impidiera su salida. Cuando lograron llegar a la calle Lucas ya no se mareaba tanto.

Cogieron un taxi y se dirigieron hacia su piso, por el camino Dulce llamó a Amalia al móvil y al fijo dos veces y en ninguna ocasión obtuvo respuesta. Lucas le pidió el teléfono y llamó a Aleksei. Esperaba que supiera algo sobre Sombra, alguna pista que le llevase hasta él. Tardó en responder pero finalmente lo hizo.

–Soy Lucas, ¿has averiguado algo?

–¿Cuándo has despertado? –preguntó Aleksei con cierta preocupación que podía notase en su acento ruso.

–Hace cosa de tres horas pero eso no importa. ¿Has dado con algo? –volvió a preguntarlo para que quedase patente la urgencia que le corría encontrar a Sombra.

–Sí, creo que esto te gustará, se llama Bruno Vives Naranjo. Lo mejor es que suele visitar un bosque, supongo que aquel que dijiste, te mando las coordenadas en un correo.

–Gracias, mañana te pagaré –el taxi se paró y Dulce pagó–. Tengo que dejarte, adiós.

–Adiós –Aleksei colgó, tenía que seguir con su búsqueda personal.

Entraron por el edificio y subieron por el ascensor, cuando llegaron a su planta lo primero que vieron fue la puerta de su piso abierta. Atravesaron el umbral y lo que vieron les sorprendió, todo estaba en su sitio como si nada hubiera pasado, sin embargo la puerta estaba abierta. Lucas se dirigió tambaleante a la cocina y vio algo que no debía de estar allí, en el suelo había unos pétalos de rosa y junto a ellos una pequeña tarjeta. Lucas cogió la tarjeta, era de color beige y tenía dibujadas tres rosas rojas a las cuales acompañaba un texto: “¿Me recuerdas? Yo a ti sé. Nuestro veintitrés de abril fue muy especial”.

Fue como pudo a su habitación, cada vez se sentía más mareado y le costaba más seguir en pie. Dulce iba tras Lucas preocupada por si se caía, estaba claro que no se encontraba bien. Cuando llegó a la puerta de la habitación estuvo a punto de caer pero ella lo sujeto.

–Tranquilo, no dejaré que caigas.

–Gracias –murmuró mientras abría la puerta. No podía detenerse.

Una vez dentro se dirigió a su escritorio y encendió su tablet. Aún era un prototipo pero era muy superior a las que se podían adquirir en tiendas, posiblemente la venderían dentro de unos años. Enseguida salió el triángulo rojo invertido con una N y una T, el logotipo de NeptoTec, tras eso ya pudo acceder a su correo. Rozó las coordenadas con el dedo y al instante se abrió un mapa que mostraba el lugar. Esperaba que Aleksei no se hubiera equivocado. Tras eso abrió el cajón donde guardaba su puñal y lo cogió. Sin duda era el día ideal para usarlo. También cogió las llaves del coche y se las lanzó a Dulce, tras eso recogió la tablet.

–Tendrás que acompañarme… No creo que sea capaz de conducir sin destrozar el coche –Dulce asintió, era lo que tenía que hacer, por Lucas y Amalia, por quienes la habían ayudado a cambiar su vida.

Salieron del piso asegurándose de que quedaba bien cerrado. Luego bajaron al parking para coger el coche. No tardarían en llegar a su destino.

Pausa

El coche avanzaba lo más rápido que podía por la ciudad pero aun así iba lento, pues decenas de policías estaban buscando al conocido hijo de Aarón Zuzunaga. Nadie en el hospital ni en la policía creía posible que Lucas hubiera salido por su propio pie, dado el estado en el que se encontraba. Lo que pensaban era que había sido secuestrado para pedir un rescate, si daban con ellos Dulce no saldría bien parada.

–Lo siento –dijo Lucas de repente–, no deberías de haberte implicado en esto. Si nos paran…

–No nos pararán –lo cortó Dulce– y en caso que lo hagan me alegrará haber intentado ayudaros. Sois especiales, no había conocido a nadie como vosotros antes.

–Gracias por todo –Lucas estaba preocupado, Dulce había visto como cogía el puñal algo que parecía no haberla incomodado.

–A doscientos metros gire a la izquierda -dijo la voz metálica que salió de la tablet. Tras ese giro saldrían de Barcelona y entonces no tendrían tantos problemas para moverse.

Finalmente lograron salir de la ciudad sin ningún contratiempo. Estuvieron en silencio el resto del camino, lo único que se oía de tanto en tanto era la voz metálica dando alguna indicación. Tras largo rato dio la última.

–Gire a la derecha. Deténgase a cien metros –Dulce hizo caso y el coche se detuvo frente a un bosque–. Ha llegado a su destino.

Lucas bajó del coche con paso firme su mente se iba despejando y parecía que ya no se mareaba tanto. Miró a su alrededor y vio un coche alejado, era un seat antiguo, medio oxidado, posiblemente de los ochenta o noventa, lo más probable era que Bruno hubiera llegado allí con él. Se dirigió al coche seguido de Dulce para intentar dar con algo que le confirmase que era el coche de Sombra, no vio nada, en el asiento trasero había unos cabellos rojizos, justo como los de Amalia.

Mientras miraba empezó a dolerle el brazo izquierdo, no había pensado en él desde que había despertado, lo único que había ocupado su mente era dar con Amalia. Se dio cuenta de la desventaja que tenía, Bruno le había ganado ya con anterioridad estando bien, con un brazo inutilizado veía acabar con él como algo prácticamente imposible. Se detuvo un momento allí sabía que era importante dar con Amalia lo antes posible pero estaba nervioso y no podía moverse, Bruno era superior a él.

Empezó a calmarse, a notar como la bestia que había en su interior empezaba a ronronear, quería salir a jugar. Quería salir a vengarse de quien le había hecho aquello, quería acabar con quien era una amenaza. El frío empezó a extenderse, aplacando el resto de sentimientos y sensaciones, lo único que quedaba era el ronroneo juguetón de la bestia, era lo que necesitaba para ir a por él, nada más. Se decidió a ir al bosque cuanto antes mejor, pero antes miró a Dulce.

–Tienes que quedarte aquí, es peligroso que vengas.

–Pero yo… ¿Y si te caes? ¿Y si te pasa algo? ¿Y si ese tal Bruno te hace más daño… Te mata? –las lágrimas empezaban a asomar en los ojos de Dulce y la voz se le quebraba.

Lucas la miró durante unos instantes y comprendió algo. No podía ser el depredador que había sido en otras ocasiones, no podía ser frío y calculador, no podía ser quien mató a Ramón Márquez y a tantos otros. Debía avanzar, cambiar, era la única forma de sobrevivir ésta vez. La bestia y Lucas debían de ser el mismo y eso hicieron, ser uno sólo.

–No pasará nada –sonrió y levantó el rostro de Dulce sujetándole el mentón con delicadeza para poder mirarla directamente a los ojos–. Ya verás cómo dentro de poco apareceré aquí con Amalia –acercó su rostro al de ella y la besó en los labios. Ella lo rodeó con los brazos mientras seguían besándose, poco a poco fue aflojando el lazo que había formado en torno a Lucas pues sabía que éste debía irse.

–Volverás, ¿verdad? –había empezado a creerle pero quería que se lo confirmara una última vez.

–Claro que sí, te lo prometo, no te darás ni cuenta y volveré a estar aquí –sonrió, esperaba que fuese así, esperaba no haber mentido.

Lucas se dio la vuelta y empezó a andar hacia el bosque, esperaba encontrar algún tipo de camino que lo guiase. Enseguida pudo ver un seguido de pequeñas ramas rotas y plantas aplastadas, seguramente el lugar por el que había pasado Bruno con Amalia. Empezó a seguir el rastro con la esperanza de que realmente fuese Sombra quien lo había dejado. La oscuridad iba tomando posesión de todo lo que lo rodeaba mientras se adentraba entre los árboles. La escasa luz que ofrecía la menguante luna a duras penas llegaba hasta donde él se encontraba y cada pocos pasos maldecía el no haber pensado en traer una linterna. Sin embargo de haberla traído poco la hubiera podido usar ya que la única mano sana que le quedaba se encargaba de llevar el puñal.

Tras andar cerca de diez minutos en una densa oscuridad vio un destello a lo lejos, la luz que salía por una ventana. Justo lo que andaba buscando, una cabaña en medio del bosque, lo que le había dicho Amalia, por lo visto Bruno era un animal de costumbres y esa sería su perdición. Avanzó poco a poco, no quería hacer nada que pudiera llegar a alarmar a Sombra, no tenía ni la más remota idea de si había puesto trampas por si alguien se acercaba o algún sistema que pudiera avisarle.

Poco a poco se acercó a la cabaña haciendo el menor ruido posible. Una vez llegó se sentó y reposó la espalda contra la pared, aquel camino le había agotado mucho más de lo que debería. Las heridas que le había hecho Bruno eran más graves de lo que le habían parecido, pasó sentado unos minutos hasta que se levantó para seguir, cuanto más rápido fuera todo antes podría reposar. Se acercó a la ventana para mirar el interior y lo que vio lo horrorizó.

En el centro de la habitación estaba Amalia completamente quieta de espaldas a la ventana y sin nada de ropa que la cubriera. Estaba en pie, sujeta al techo con alambre de espino que le rodeaba gran parte de los brazos además, entre el alambre y los brazos Bruno había puesto rosas cuyas espinas se clavaban en la carne de Amalia. La sangre manaba de las heridas provocadas por las espinas y el alambre de espino, bajaba por los brazos y finalmente caía por la espalda y el pecho de Amalia, llegando a llegar en algunas ocasiones a las piernas. Sin embargo Bruno no estaba allí, seguramente ya habría obtenido lo que quería de Amalia por un rato y estaría por el resto de la cabaña.

Lucas empezó a rodear la cabaña, tenía que dar con la puerta, una vez dentro ya vería cómo arreglárselas. Nada más girar la primera esquina la vio, la entrada estaba al final de esa pared, se acercó a ella poco a poco, y miró por la ventana que había antes de llegar a la puerta. Daba a la misma habitación donde estaba Amalia, pero ésta vez pudo verle el rostro, sus ojos estaban completamente vacíos, faltos de cualquier emoción. Como si ya estuviera muerta por dentro y poco le preocupase lo que le pudiera ocurrir ya. Se agachó y siguió, una vez llegó a la puerta miró a través de la cerradura y al ver que no había nadie entró.

Lucas se sorprendió con lo que vio, las paredes eran de madera y estaban repletas de dibujos y fotografías de Amalia, Bruno llevaba mucho tiempo obsesionado con ella porque había fotos incluso de cuando iba al instituto. Era muy probable que incluso hubieran estudiado en el mismo y ella no supiera de su existencia. Empezó a enfurecerse, había acosado a su amiga a lo largo de muchos años y además la había violado y secuestrado en dos ocasiones. Lucas le había prometido protegerla y no había podido por culpa de Bruno, eso tenía que acabar esa noche.

Empezó a recorrer el pasillo y entró en la primera puerta que encontró, era la habitación donde se encontraba Amalia. Cómo pudo deshizo el nudo que había hecho Bruno para que el alambre no dejara caer a la chica. La reposó sobre su brazo bueno y poco a poco la dejó en el suelo, tras eso quitó el alambre de espino y las rosas que se clavaban en su carne. Los ojos de Amalia estaban abiertos pero no parecía que le reconociese, su mirada seguía estando vacía. Se quitó el abrigo con esfuerzo y la cubrió con él, tras eso salió de la habitación en busca del monstruo que le había hecho eso a su amiga.

Abrió la siguiente puerta y allí estaba, sentado de espaldas a la entrada completamente vestido, como si nunca hubiera hecho nada. No se giró ni pareció percatarse de que Lucas estaba allí, toda una ventaja para él. Se acercó con todo el sigilo del que fue capaz, y cuando iba a acercar la hoja del puñal a su cuello Bruno hizo un rápido movimiento y de un golpe en la cabeza lo envió al suelo.

–Deberías de estar muerto –dijo con desprecio desde su posición elevada-. Te maté.

A Lucas todo le daba vueltas y la cabeza había empezado a dolerle mucho tras el golpe. Le miró como pudo mientras esperaba que el dolor amainase.

–Pues parece que no lo hiciste muy bien –emitió una risa socarrona–. Tranquilo, yo sí me aseguraré de comprobar que estás muerto cuando acabe contigo –la vista se le había empezado a normalizar cuando Bruno se le acercó y le dio una patada en el estómago. Tras eso cogió la silla la acercó hasta donde estaba Lucas y se sentó usando el pecho del otro como alfombra–. Quita tus sucias pezuñas de encima de mí –enseguida que Lucas lo dijo Bruno sintió como el puñal atravesaba el músculo de su pierna derecha.

Bruno chilló de dolor y Lucas aprovechó para empujarlo para que cayese al suelo junto con la silla. Tras eso se levantó como pudo y vio el pequeño charco de sangre que se había formado bajo la pierna Bruno, sonrió.

–Ya te he devuelto una pequeña parte de lo que me hiciste. Jamás te perdonaré lo que le hiciste a Amalia, la quiero, es como una hermana para mí y lo que le hiciste fue…

–¿Y me lo dices tú? ¿Alguien que ha venido a matarme? Por tu cara no es la primera vez que lo haces, se nota que disfrutas –se levantó y se abalanzó sobré Lucas, pero lo único que logró fue llevarse una nueva puñalada, ésta vez en el hombro.

–Sí, es verdad, no es la primera vez. Ahora se supone que vendría la parte en la que me presento y te digo que me llamo Ilya pero eso ya es historia. Lo único que quiero es que mueras. ¿No quieres venir otra vez Bruno? –Puso énfasis al pronunciar el nombre, algo que cogió desprevenido al otro, Lucas no debería de saber su nombre–. ¿Qué pasa? ¿Tú mamaíta no te quería y por eso tienes que hacer daño a Amalia?

Bruno enloqueció cuando oyó lo que Lucas acababa de decirle, se abalanzó sobre él sin preocuparle en lo más mínimo el puñal que sostenía su rival. Justo lo que Lucas quería, dirigió el puñal al estómago, ambos cayeron al suelo por lo que tuvo mover el puñal con dificultad para llegar a alcanzar el bazo mientras Bruno lo golpeaba una y otra vez. Los golpes que recibió en la cabeza lo atontaron, hasta el punto de estar a punto de perder el conocimiento, pero los golpes eran cada vez más leves a causa de la pérdida de sangre que sufría el violador. Finalmente pudo deshacerse de Bruno y tirarlo al suelo, Lucas se levantó pero se vio obligado a sentarse junto a su enemigo.

–¿Ves? Así es como se mata a alguien. Das asco, lo más seguro es que siempre lo hayas dado toda la vida, por eso ella nunca te miró cuando estudiasteis juntos –los ojos de Bruno se iban cerrando poco a poco a consecuencia de la pérdida de sangre–. Por cierto, tampoco me gustó lo que le hiciste a Dulce –levantó el puñal y le atravesó el corazón, acabando así con su vida para siempre.

Lucas rió, le había resultado más fácil acabar con Bruno de lo que esperaba al entrar en el bosque. Aunque ahora se veía incapaz de volver hasta donde estaba el coche con Amalia en brazos y manchado con sangre de ella y Bruno.

Estuvo allí parado cerca de una hora hasta que se sintió con las fuerzas suficientes para levantarse, cogió las llaves del coche de Bruno y dejó el cadáver allí, dentro de unos días volvería para deshacerse de él. Atravesó el pasillo y entró en la primera habitación que había estado, y allí estaba ella, justo como la había dejado. No se había movido ni un centímetro y la mirada era la misma, vacía, sin transmitir nada, sin vida en ella. Miró la habitación y sobre un mueble estaba la ropa de Amalia unos vaqueros blancos y una blusa negra, lo recogió y la vistió como pudo. Tras eso la ayudó a ponerse en pie siempre apoyando su peso en él, finalmente salieron de la cabaña.

Atravesaron el bosque como pudieron pues Amalia no hacía el menor esfuerzo para andar y Lucas cada pocos metros tenía que sentarse para recuperar el aliento. Tras un largo camino pudo ver a Dulce bajo los rayos de luna, inquieta, andando de un lado a otro a consecuencia de que él no volvía. Cuando por fin pudo verlos fue corriendo hasta ellos, se dirigió a abrazar a Lucas pero éste se lo impidió, no quería que acabara también manchada de sangre.

Los tres se dirigieron al coche de Bruno y se subieron. Entre Dulce y Lucas lograron sentar a Amalia en uno de los asientos traseros, una vez hecho eso Dulce se dirigió al asiento del conductor y Lucas al del copiloto.

–Tenemos que parar en el piso, tengo que asearme antes de volver al hospital. Ya veré que me invento una vez esté allí para decir que he desaparecido. Cuando me haya lavado un poco, tendrás que llevarme al hospital, después tendrás que abandonar el coche, si lo quemaras… Bueno, sería lo mejor.

–Vale, entonces vamos rápido, ninguno de los dos tenéis buena pinta, sobretodo Amalia.

Dulce condujo todo lo rápido que podía sin llamar la atención, la policía aún estaba por buscando a un posible secuestrador de Lucas y tal y como estaban no les convenía que los pararan. El control se había hecho más estricto que cuando habían salido y tardaron más en volver que al salir. Entraron en el parking del edificio y aparcaron aquel coche en la plaza de Lucas.

Dulce y Lucas subieron rápido al piso, dejando a Amalia en el coche ya que estaba ajena a cuanto la rodeaba. Una vez llegaron Lucas se dirigió a la ducha mientras que Dulce fue en busca de ropa para él. Una vez cogida se dirigió al baño y llamó a la puerta.

–No pases, estoy, bueno que vuelvo a estar sin ropa –dijo atropelladamente–. Mierda, soy un inútil, soy incapaz de quitarme la sangre de encima sin una mano.

–Puedo ayudarte –dijo tímidamente desde el otro lado de la puerta.

–¿Seguro que no te importa? Es que estoy sin ropa y eso…

–No veré nada nuevo, ¿no? –Dijo mientras entraba.

Lucas se sentó al borde de la bañera mientras Dulce iba recorriendo su cuerpo con la esponja para deshacerse de toda la sangre que lo manchaba. Lo primero que limpió fue la espalda, la cual se había manchado con la sangre de Bruno que se había derramado al suelo, tras eso pasó a la parte frontal. Lucas se giró y la miró directamente a los preciosos ojos escarlata que poseía, el cabello rosa aún resaltaba más la belleza de éstos. Dulce quitó toda la sangre y cuando acabó lo besó, acariciando después sus labios con dos dedos. Tras eso lo ayudó a vestirse y salieron rápido del piso, tenían que llevar a Amalia al hospital.

Pausa

Mientras tanto un coche se detuvo frente al bosque del que hacía rato habían salido Lucas y Amalia, dos hombres se bajaron del vehículo. El primero en bajarse era un hombre rubio en la treintena y el segundo era un hombre más joven que vestía una chaqueta carmesí. Ambos empezaron a andar y se internaron en el bosque.

Pausa

Jueves – 01/05/2014

Lucas había logrado hacer creer que había salido a dar una vuelta para tomar el aire, que el hospital estuviera financiado por la empresa de su padre también había ayudado bastante. Amalia parecía estar mejor, hablaba, andaba, hacía todo lo que podía con los brazos vendados pero aun así sus ojos seguían estando vacíos. No había nada en ellos que transmitiera ilusión por vivir, ninguna chispa de vida. Dulce por su parte lo acompañaba todo el tiempo, se había acostumbrado a sus besos, unos besos que no quería dejar de recibir.

Amalia y llevaba en el piso dos días, dos días que había estado sin verla, hasta hoy. Era el día en el que finalmente recibiría el alta y podría volver a su hogar. Llevaba demasiados días sin poder salir de aquel hospital como para no estar eufórico con la idea de salir. Dulce estaba allí con él cuando el doctor le dijo que podía irse pero que en unos días tendría que volver para hacer seguimiento.

Rápidamente se vistió, ya podía hacerlo sin ayuda de nadie, Dulce estuvo allí todo el tiempo ya no le incomodaba que lo viera sin ropa. Salieron rápido del hospital y se dirigieron al piso, Lucas tenía ganas de ver cómo se encontraba Amalia. Dulce condujo el coche todo lo rápido que pudo, tenía ganas de poder estar tranquila en el piso, de poder acurrucarse junto a Lucas.

Cuando llegaron aparcaron y subieron rápido al piso. Lucas abrió la puerta y entró prácticamente corriendo para ver a Amalia. Esperaba verla en el salón pero no fue así. Empezó a recorrer el pasillo y se detuvo frente al cuarto de baño. En la puerta había una nota. La nota solo tenía dos palabras. Lo siento. Lucas abrió la puerta y empezó a llorar mientras se dirigía hacia Amalia. Dulce por su parte sacó el móvil y llamó a emergencias.

Amalia estaba en la bañera. Sin los vendajes. En lugar de ellos había cortes en sus muñecas por los que había manado mucha sangre. Sangre que se había mezclado con el agua de la bañera y rebasaba el borde llenando todo el suelo de sangre. Lucas la abrazó para sacarla de la bañera mientras murmuraba:

–Amalia… Tú no… No me dejes… Por favor… Sobrevive…

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Si queréis leer más de Aleksei también aparece en Crónicas de Eirom 1: Conexión (Conclusión).