Eirom es perseguido por la policía tras el atraco al banco pero ese será el menor de sus problemas. La unidad de limpiadores llega y él ha de lograr huir de ellos con una inconsciente Sarah en brazos.

1 Conexión Conclusion

Madrid, Gran Vía

Madrid, España

Ya le perseguían tres coches aunque lo que realmente le preocupaba era otro que veía gracias a las cámaras, un coche negro que se acercaba de frente que no era de la policía. Se había fijado en ese coche porque ignoraba todas las reglas de tráfico, como si tuviese un objetivo fijado. Eirom giró a la derecha, aquel coche también lo hizo en cuanto pudo, solo estaba a dos calles. Sarah estaba inconsciente aún en el asiento del copiloto y seguiría así unas horas más, ahora se arrepentía de haberla dormido, si en el coche iban limpiadores le iría bien su ayuda.

Eirom movió la mano izquierda y los tres coches de policía que lo seguían se apagaron, ya se lo había hecho un par de veces, pero volvían a arrancarlos al cabo de pocos segundos. Intentó encontrar el otro coche, pero no lo encontró conectado a GlobalTec, era un modelo demasiado antiguo. Se fijó bien en las imágenes de las cámaras y se dio cuenta de que había un desfase temporal, el coche no estaba allí. En ese instante el coche negro golpeo la parte trasera del lateral haciendo que el coche donde estaban Eirom y Sarah empezase a dar vueltas dejando a Eirom inconsciente.

–Id con cuidado –dijo Alex Cross, era el jefe de la unidad de limpiadores. Tenía treinta y cinco años y su pelo era rojizo–. No es la primera vez que una de nuestras unidades da con Eirom y es eliminada, hemos de acabar con él lo antes posible –sacó un modelo antiguo de pistola y sus hombres hicieron lo mismo.

–Alex –dijo la voz de Ana–. La policía está llegando, ¿los eliminamos primero?

–Sí, no podemos quedarnos en un fuego cruzado –dijo mientras apuntaba y disparaba a uno de los coches de policía matando así al conductor. El coche giró repentinamente a la derecha llevándose consigo a otro de los vehículos que se acercaban, la gente que había en Gran Vía empezó a huir corriendo y gritando–. Tampoco podemos dejar cabos sueltos –mientras lo decía Eirom despertó.

Nada más despertar, comprobó el estado del coche y vio que había quedado demasiado dañado para seguir usándolo. Oyó disparos se giró y vio como los limpiadores estaban eliminando con suma facilidad a la policía. Eirom cogió a Sarah y se dirigió hacia la boca de metro más cercana, lo único que podía hacer era llegar hasta Atocha con él. Había pensado en llegar en coche hasta la estación de tren pero la repentina aparición de los limpiadores se lo había impedido.

Ana se giró a tiempo de ver como Eirom se alejaba poco a poco de ellos, rápidamente apuntó con la pistola y disparó, pero falló, disparó más veces y siguió fallando, Eirom iba zigzagueando a través de los coches para evitar que las balas le dieran. Finalmente Ana empezó a correr tras él pero ya era demasiado tarde, había bajado las escaleras y cerrado las puertas tras él. Llamó a Alex.

–Se ha escapado, se ha metido en el maldito metro –dijo con furia.

–No te preocupes, aún no ha salido de la ciudad y sabiendo el espectáculo que le gusta hacer saldrá en un tren, ve a Chamartin. Yo iré a Atocha.

Eirom iba andando por los pasillos, todo iba más o menos como había planeado. Solo había salido mal una cosa, los limpiadores le habían destruido el coche. Sabía que aparecerían, era su intención que lo hicieran pero le habían sorprendido, habían reaccionado demasiado rápido. Bajó hasta el andén y se sentó a esperar, la gente lo miraba extrañada ya que cargaba con Sarah. Finalmente una mujer de cabello castaño se acercó para preguntar si le ocurría algo.

–No, no le ocurre nada, antes he conseguido que se durmiera para que no gritara mientras me la llevo por la fuerza –la mujer empezó a mirarlo con horror ante la respuesta sincera de aquel hombre–. Por cierto, soy Eirom, sí, el terrorista. Ya sabe lo que tiene que hacer ahora, correr.

La mujer se alejó corriendo y gritando que el terrorista Eirom estaba allí y estaba secuestrando a una chica. Toda la gente que había en la estación empezó a correr para alejarse de allí. Nadie quería morir a manos de un monstruo, un ser desalmado y una larga lista con apelativos similares que más de una vez habían usado en las noticias. Lo que la gente no esperaba es que al intentar salir todas las salidas estaban cerradas, hasta que se abrió una y un hombre pelirrojo se adentró en los pasillos de la estación.

Cuando llegó el metro, Eirom hizo un gesto con el brazo y se conectó a los altavoces y se aseguró que el transporte no se movería de ahí. Tras eso se dispuso a hablar.

–Queridos ciudadanos de Madrid, hoy es un día muy especial para vosotros, tenéis la oportunidad de quedaros en ese metro o bajaros. Seguramente os diréis “pero eso lo hacemos siempre”. Y sí, siempre lo hacéis, lo especial de hoy es que yo voy a subir ahí. Seguramente aún no os habréis decidido, faltaría más, ¿en qué afectaría a vuestra decisión que un pasajero más suba? Tenéis razón, eso pasa en cada estación, únicamente hay una cosa especial y es quien soy yo. Por la cara de algunos creo que ya os lo estáis imaginando. Soy Eirom, ahora corred y no os pasará nada.

Prácticamente se bajó todo el mundo, únicamente quedaron dos o tres personas que no habían querido bajar. No le sonaban de nada y la información que vio de ellos no le disparó ninguna alarma así que dejó que se quedaran, con un poco de suerte no les pasaría nada. Se subió al primer vagón y entró en la cabina del conductor, cerró las puertas, cambió las claves y lo puso en marcha. Cuando salía de la estación vio a través de una cámara como entraba Alex en el andén. Sarah seguía dormida y tardaría en despertar, sabía que eso pasaría pero esperaba poder contar con un coche. Comprobó su pulso para asegurarse de que seguía bien, tras eso hizo una llamada.

–¿Cómo va todo Aleksei?

–Bien, no creo que seas capaz de imaginar lo que hay aquí –respondió una voz con un fuerte acento ruso–. Tardaré más de lo previsto, no estábamos preparados para esto.

–¿Tardarás mucho más? Ya me estoy dirigiendo a Atocha y en cuanto pueda cogeré el tren, necesito que estés en el punto de encuentro.

–No lo sé, entiéndelo, nunca nos hemos acercado ni de cerca a lo que hace la Máquina. Cuesta mucho más de lo que pensaba introducirle un código que nos ayude a nosotros. Te tengo que dejar -tras decir eso Aleksei colgó.

Madrid, España (Planta industrial de NeptoTec)

Aleksei tenía el pelo castaño y los ojos de un azul muy claro, llevaba puestas unas gafas de cristales cuadrados. Aparentaba estar en la veintena a pesar de superar los treinta con creces. Estaba sentado frente a un conglomerado de monitores que colgaban desde el techo, todos los cables nacían en el mismo lugar creando un tronco de cerca de medio metro de diámetro. Sus manos se movían a toda velocidad por el teclado que tenía delante y de tanto en tanto cambiaba a otro para teclear allí. Su miraba iba de pantalla en pantalla entre las múltiples que había disponibles, estaba intentando comprender que es lo que ocurría allí. Debía comprenderlo si quería introducir su propio código para tener acceso a la Máquina, entendía lo que hacía pero desconocía por completo la forma. Por lo visto la Máquina tomaba mediciones de diferentes lugares para después desarrollar sus cálculos.

No tenía ni idea de quien la había diseñado, ni de dónde se encontraba, ese ordenador sólo le permitía acceso remoto a ella. La Máquina tenía que ser muy imponente, sobre todo si estaba en funcionamiento. Lo peor de todo es que lo más probable era que NeptoTec la utilizara únicamente para aumentar sus ingresos, la habían construido y desaprovecharían por completo su potencial. Aleksei se sobresaltó cuando una mano se posó sobre su hombro izquierdo. Se iba a girar con la pistola en la mano cuando notó el cañón de un arma le rozaba el cuello.

–Yo si fuera tú no haría eso –dijo una voz aguda–. No tienes necesidad de ello, dámela –Aleksei entregó el arma, tras eso el hombre que lo había sorprendido la arrojó lejos de allí. El desconocido se sentó frente al hacker sin dejar de apuntarle en ningún momento. Tenía el cabello castaño y unos ojos como esmeraldas–. No me mires con esa cara, en cuanto he sabido que Eirom estaba en Madrid y se hacía notar tanto por el robo de un banco, he supuesto que alguno de sus amigos estaría intentando trastear por aquí. No puedo negar que me haya sorprendido encontrarte en la sala de la Máquina, no sabía que conocíais este proyecto. ¿Te gusta? Pues yo soy el genio que la diseñó.

–¿Cómo te llamas? ¿Cómo has llegado hasta aquí?, en las últimas plantas no había nadie, además, en todo el edificio tampoco había nadie con acceso aquí.

–A ti te voy a decir quién soy –el hombre de ojos verdes rio–. No, ni me está permitido ni quiero, estoy muy bien sin que tú y tu club de amigos me molestéis. En lo otro sin embargo sí que puedo ayudarte, he venido desde Nueva York, nada que no se pueda solucionar en un minuto –dijo tan tranquilo–. Qué quieres, había prisa, si llegó a coger un avión haría horas que te habrías ido de aquí. Ahora quédate quieto ahí y solucionaré tu problema, C no está de acuerdo pero yo creo que nos sería de mucha utilidad que tengáis acceso a la información que nos proporciona la Máquina.

El hombre de ojos verdes empezó a teclear en uno de los muchos teclados que había y antes de que pasaran diez minutos ya había acabado. Se giró y volvió a mirar a Aleksei.

–Bueno, ya lo tienes, he indicado que se envíe la información a Utopía, o eso supongo, eran los datos que habías introducido antes, ¿verdad? –Aleksei asintió–. Bueno, puedes irte, tranquilo, no te haré nada, oye, tú no eres muy hablador, ¿no? Deberías de hacértelo mirar.

»Bueno me voy, sal rápido, no tardarán mucho en darse cuenta de que estás aquí –se dio la vuelta y se dirigió al umbral por el que había entrado. Cogió la pistola de Aleksei y se la tiró–. No seas un niño malo y vete ya –tras eso salió de la sala y no volvió a aparecer.

Aleksei recogió las dos tablets que había dejado analizando el sistema y salió de la sala. Únicamente le quedaba volver al exterior y reunirse con Eirom. Quería desviarse para intentar averiguar cómo había llegado aquel tipo hasta allí pero sabía que si lo hacía lo único que conseguiría serían más problemas.

Eirom vio por las cámaras como Alex Cross entraba en el andén justo cuando el metro salía. No le gustaba, no debería de haber podido llegar hasta allí, si podía hacer eso es posible que también pudiera detener el tren. Lo estuvo observando, se había quedado parado, esperando, poco después aparecieron sus tres compañeros. Ya habrían deducido que se dirigía a Atocha. Cuando ya estaba a una estación de distancia pudo ver como se subieron al siguiente tren que llegó, sin darle a la gente ninguna oportunidad de bajar. Al igual que él, no tenían ninguna intención de parar hasta llegar a su destino.

Estaban a punto de llegar y Eirom se dio cuenta de su problema, con Sarah dormida le sería prácticamente imposible salir de allí con vida. Tenía que despertarla y asegurarse de que colaboraría con él y convencerla sería imposible en tan poco tiempo.

El metro se paró y ambos bajaron, tenían que salir de allí y llegar hasta el andén donde les esperaba el tren que les llevaría al punto de encuentro. Nada más poner un pie en el andén Eirom movió un brazo y una cámara los apunto y empezó a retransmitir las imágenes a través de los cientos de monitores que había en la estación, cuando se aseguró de que lo verían en todas partes empezó a hablar.

–Nadie tiene que salir herido, si dejáis el camino libre y me dejáis subirme al AVE que hay en el andén uno no pasará nada –hizo un movimiento con el brazo para cambiar el enfoque de la cámara y hacer un zoom en el brazo derecho de Sarah. A la altura de la muñeca se podía ver una pulsera ancha de la cual sobresalían unos cables–. En caso de que no me hagáis caso ésta pobre chica y muchos de vosotros moriréis –tras eso cerró la retransmisión y tanto él como Sarah empezaron a correr en dirección al andén uno.

Cuando tomaron el primer recodo oyeron el estrepito del choque, los limpiadores habían llegado. El equipo de Alex salió prácticamente ileso y se puso a correr en la misma dirección por la que habían ido Eirom y Sarah, pero no fue hasta que llegaron al vestíbulo de la estación, el cual estaba vacío, cuando lograron verlos corriendo. Ana fue la primera en disparar y dio de lleno en el brazo izquierdo de Eirom. Cuando Alex disparó ya era demasiado tarde, el terrorista y su rehén se habían ocultado tras una de las muchas columnas que había en la terminal. Tras eso ellos fueron los que se ocultaron al empezar a recibir disparos por parte de Eirom.

–Sarah, tienes que correr hasta las escaleras, yo me encargaré de que no te disparen –no tenía tiempo de preocuparse por la herida del brazo, si lo hacía los limpiadores los alcanzarían. Miró cuantas balas quedaban, sólo nueve, tendrían que ser las suficientes–. ¡Corre!

Eirom hizo un ligero movimiento con el brazo izquierdo y después empezó a disparar, tenía que asegurarse de que Sarah llegaba sana y salva. Una, dos y así hasta que ella llegó a las escaleras, en total fueron siete balas. Entonces fue el turno de disparar de los limpiadores, avanzaron la mitad de la distancia cuando Eirom disparó de nuevo, ésta vez una única bala. La bala no hirió a ninguno pero sirvió para que se volvieran a ocultar. Se levantó y empezó a correr en dirección a la escalera, nada más hacerlo volvió a disparar, la última bala. Tras esa empezaron a sonar otras balas pero ninguna le alcanzó y finalmente llegó a las escaleras.

Cuando dejaron de oírse los disparos Alex miró a través de las cámaras y vio que Eirom ya no estaba allí, de hecho lo que vio fue que Eirom se iba tras el primer disparo y el resto se reproducían en una pantalla que quedaba oculta a la vista de los limpiadores. En cuanto lo vio el jefe de la unidad empezó a correr hacia las escaleras sin decir nada a sus compañeros. Al llegar al andén Eirom y Sarah ya se habían subido al tren, se habían retrasado al hacer bajar a los pasajeros que se habían mantenido en él, hecho que Alex aprovecho para subirse en el último vagón.

Eirom se encontraba en el primer vagón junto con Sarah cuando cerró las puertas y aceleró el tren. Tras haberlo hecho vio como Alex avanzaba a través del último vagón, a ritmo tranquilo, sabía que se encontraría con Eirom en breve.

–Lo siento mucho Sarah –dijo Eirom mirándola directamente a los ojos–-. Tuve que mentirte, no tenía alternativa, tenías que venir conmigo. Lo que llevas en la muñeca es simplemente una pulsera, en ningún momento ha habido un explosivo. Sólo ha sido una treta, conseguí unos cables en uno de los vagones, espero que llegues a perdonarme algún día.

–¿Perdonarte? –preguntó ella incrédula–. Eres despreciable Eirom, has matado a cientos de personas y destruido las vidas de miles, ¿de verdad crees que alguien te perdonará algún día? Si lo crees es que eres más estúpido de lo que todos piensan, no tardarán nada en cogerte.

–Yo… –Eirom miró la cámara, Alex estaba a tres vagones de distancia-. Nunca he hecho nada de lo que me acusan, únicamente he sido el responsable de la muerte de una persona, alguien a quien jamás olvidaré.

–Mientes.

–No, no lo hago, lo verás algún día. Ahora no puedo seguir hablando, tengo que hacer una llamada, por favor, ves al fondo del vagón y escóndete. Hazlo, no quiero volver a drogarte de nuevo –tras oír eso Sarah se retiró hasta el final y se ocultó tras los asientos. Eirom por su parte llamó a su compañero.

–Aleksei, ¿has llegado?

–Casi estoy.

–Seguramente no llegaré como estaba previsto, tengo a un limpiador en el tren.

–De acuerdo. No te preocupes, estaré listo, quien se deberá preparar eres tú cuando te diga lo que he descubierto.

–Ya me lo dirás, el limpiador está en el vagón anterior al mío. Adiós –colgó sin darle tiempo de responder a Aleksei.

Eirom empezó a mover el brazo derecho mientras esperaba a Alex, no muy lejos del punto donde había quedado con Aleksei había algo que podría utilizar. Se apartó a un lado de la puerta de entrada a la espera de que el limpiador la atravesara. Cuando la atravesó estaba apuntando con la pistola el lugar donde estaba Eirom.

–Tranquilo tú no serás el primero, contigo quiero jugar un poco más, primero va la policía. Se llama Sarah, ¿verdad? Venga, sal, quiero acabar rápido éste trabajo.

Sarah apareció tras los asientos donde se había ocultado. Nada más verla aparecer Alex disparó pero no logró matarla ya que Eirom lo desequilibró. Tras eso empezaron a forcejear por el arma, ninguno quería que el otro la usara en su contra. Finalmente la pistola salió despedida hacia el vagón posterior, dejando así a los dos hombres en igualdad de condiciones.

–Bueno, parece que ya no puedes usar tu juguete para pararme ¿qué harás ahora? –tras decirlo recibió un puñetazo en el estómago por parte de Alex.

–¿Te gusta? –volvió a golpearle pero ésta vez Eirom estaba preparado para recibir el golpe.

–No lo haces mal pero deberías mejorar. Sarah, vuelve a esconderte y agárrate fuerte –dirigió un golpe hacia la cara del limpiador pero éste lo esquivo con facilidad. Eirom notó algo extraño en la nuca de Alex–. Ahora lo entiendo, tú también tienes un dispositivo de acceso –volvió a atacarle, esta vez con dos puñetazos de los que sólo uno acertó en el blanco. Su brazo izquierdo se resintió.

-¿Yo? ¿Dispositivo de acceso? Eso es una antigüedad, lo mío es un prototipo de un nuevo dispositivo –dio tres golpes más y los tres acertaron, Eirom no se preocupaba en evitarlos.

Finalmente ambos hombres se enzarzaron en un intercambio de golpes. Eirom prácticamente fallaba todos mientras que Alex por su parte daba con todos en su blanco. Enzarzados en la lucha ninguno prestaba atención al paisaje, el cual se veía desaparecer cada vez a mayor velocidad. Eirom dio un traspié que el limpiador aprovechó para propinarle una patada que lo mandó al suelo.

–Ahora vuelvo –dijo Alex con suficiencia mientras cruzaba al otro vagón para recuperar su arma. Cuando lo hizo Eirom rio y se levantó a la espera de que volviera. Mientras ponía a punto los últimos preparativos.

–Lo siento Alex –dijo cuando entró-, pero has perdido –hizo un ligero movimiento con el brazo derecho y se puso como pudo sobre uno de los asientos antes de que el tren empezara a descarrilar.

El tren empezó a inclinarse y Alex salió despedido hacia un lado, golpeando una de las ventanas con su cabeza. Se le abrió una brecha en la cabeza por la que empezó a manar sangre y quedó inconsciente en el acto. El tren acabó de volcarse creando un gran estruendo y destruyendo prácticamente todas las ventanas que había en él. Cuando finalmente el tren se detuvo Eirom se levantó y se dirigió hasta donde yacía el limpiador, comprobó que aún tenía pulso y cuando descubrió que sí se relajó un poco. Tras eso empezó a grabar una nota de voz que Alex podría escuchar en un futuro.

–No te conozco ni tengo nada contra ti Alex, sólo quiero que sepas que en ningún momento ibas ganándome, no más de lo que yo me dejaba. Mientras tú te preocupabas por golpearme lo que yo hacía era acelerar el tren para asegurarme de que no me seguirías. Bueno, tengo que dejarte, un amigo me estará esperando fuera –guardó el archivo de audio en el dispositivo de Alex para que éste pudiera acceder a él cuando despertara.

Tras eso se dirigió al último sitio donde había visto a Sarah, seguía allí aunque inconsciente también a causa del accidente. Se había hecho algunos cortes y arañazos, pero nada de gran importancia. Abrió la cabina del tren la cogió en brazos y se dirigió hacia allí. Una vez dentro atravesó la ya inexistente vidriera que protegía con anterioridad a los conductores. Empezó a andar por el páramo en dirección a las luces más cercanas que veía, las luces del coche de Aleksei. Cuando los vio se dirigió corriendo hacia donde estaban Eirom y Sarah y cuando llegó miró horrorizado al terrorista.

–¿Qu… Qué te ha pasado? –preguntó Aleksei.

–Nada importante… He conseguido salvar a alguien… –dijo Eirom sonriéndole mientras lo miraba con el único ojo que le quedaba justo antes de desplomarse.

Lo único que pudo hacer Aleksei Bukalov en ese momento fue llevar los cuerpos de Sarah y Eirom hasta el coche en el que había llegado e intentar aplicar a su amigo los primeros auxilios. Tras eso lo siguiente que quedaba por hacer era poner rumbo a Utopía.

—————————————————————

Si os apetece leer otros capítulos de Crónicas de Eirom podéis pasar por AQUÍ.

Aleksei también aparece en Relatos de Ilya 2: Devoción (Conclusión), Relatos de Ilya 3: Vendetta (Inicio) y Relatos de Ilya 3: Vendetta (Interludio).