Alas Rojas es un nuevo proyecto que tengo en mente, en él habrá tanto fantasía mezclada con realidad ya que está basado en nuestro mundo. Sin más os dejo el prólogo.

Alas Rojas Prólogo

Christopher llevaba horas en la cúspide de una de las torres más alta de la catedral de la Sagrada Familia, hacía años que disfrutaba de las vistas desde allí, casi era como su segunda residencia. Estaba esperando a Andrés, llegaba una hora tarde y la catedral ya había cerrado sus puertas al público, no solía retrasarse tanto, la investigación le habría entretenido o eso esperaba Chris. El aire que corría a esas horas era frío, glaciar, pero a él no le importaba, es más le encantaba estar a esa temperatura. El cabello de Christopher era castaño claro y le caía hasta media espalda, sus ojos eran azules y transmitían tranquilidad absoluta a pesar de la espera. Media metro setenta y su complexión era delgada a pesar de ello era fuerte, más que la mayoría de personas que había conocido, necesitaba serlo para su trabajo. Llevaba unos vaqueros oscuros y un abrigo negro con capucha que llevaba completamente cerrado.

Al fin vio un pequeño movimiento en la valla, alguien que estaba saltándola, su compañero Andrés. Cuando le reconoció empezó a descender la torre, tendría que abrirle las puertas de la catedral para que pudieran reunirse en su interior. Mientras bajaba le llamó para informarle de que esperase en la puerta, que enseguida le abriría. Cuando llegó abajo abrió la puerta y ante él estaba su compañero. Andrés tenía el pelo corto y rubio platino, sus ojos eran marrones y se encontraba en la treintena al igual que Chris. Le sacaba una cabeza a su amigo, y la ropa que llevaba dejaba apreciar las horas que invertía a diario en el gimnasio.

-Bienvenido, pasa -dijo Christopher en un susurro para evitar que su voz resonase en todo el templo.

-Hola colega -saludó Andrés efusivamente mientras le daba un abrazo a Chris-. ¿Qué? ¿Cómo te va la vida? -preguntó mientras se dirigía a uno de los bancos que ofrecía la iglesia.

-Ya sabes como es esto… Voy de un trabajo a otro, siempre es lo mismo aunque nunca es igual. Resumiendo estoy aquí en perfecto estado -respondió Christopher con tono neutro-. ¿Has conseguido dar con algo?

-Más o menos, he conseguido encontrar cuatro posibles casos. Les he dejado una tarjeta en el buzón, supongo que si nos necesitan, llamarán. Aunque no es seguro que sea el que nos interesa, colega. También he conseguido localizar a cinco de nuestros colegas por las cercanías. Bueno, cuatro, Fran dudo que quiera volver a ayudarnos. Hay tres protectores y una vidente.

-Supongo que la vidente será Claire, ¿no? Hace unos días oí rumores de que estaba por aquí -dijo mientras recordaba la última vez en la que había visto su melena rubia-. ¿Quiénes son los protectores?

-Uno es Carlos, otro Pierre y el tercero es alguien nuevo, se llama Dorian. No he conseguido averiguar nada sobre él, aparte de que apareció en el juego hace cosa de un año.

-Carlos no nos ayudaría por nada -dijo tranquilo-. No desde la última vez que trabajamos, nos lo dejó bien claro. Pierre… Bueno, él y nada son lo mismo, espero que sepas como ponerte en contacto con Dorian -finalizó, su voz no se había alterado en ningún momento.

Alas Rojas Pausa2

Claire estaba sentada tranquilamente en una cafetería del paseo Marítimo, viendo como la noche iba cayendo sobre la ciudad de Barcelona. Su melena rubia estaba recogida en una coleta, dejando así el rostro completamente despejado. Los ojos eran verdes y se asemejaban a las esmeraldas, su piel era pálida como el alabastro dado que desde pequeña rehuía el sol. Llevaba desde los catorce años yendo de un lado para otro, moviéndose mayormente de noche, a pesar de llevar ya diez años con esa vida no acababa de acostumbrarse; la vida nocturna estaba hecha para los vampiros no para los humanos. Llevaba puestos unos pantalones grises y un jersey blanco. En el respaldo de la silla había dejado su abrigo marrón y el bolso blanco con acabados plateados a juego con sus pendientes.

Había llegado hacia dos días a la ciudad y desde entonces había dedicado casi todo su tiempo a echar las cartas a todas aquellas personas a las que les interesaba. Desde pequeña le había atraído lo oculto y había descubierto que el tarot se le daba bien, había probado en más facetas de las múltiples que había pero la única en la que se defendía era esa. La mayor parte de las cosas que probó antes de dar con el tarot estaban prohibidas a los profanos, como dirían los hechiceros. Incluso las lecturas de tarot estaban prohibidas dependiendo de que trataran de averiguar. Muy al pesar de Claire descubrió todo eso a través de dolor, dolor que tenía reflejado en la espalda gracias a los latigazos que recibió.

Decidió ir a Barcelona a través de una lectura, según la cual debía de estar allí ya que un conocido con el que había trabajado en alguna ocasión la iba a necesitar. Christopher le caía bien pero solía escoger trabajos bastante raros, en el último que estuvieron juntos, Carlos, el protector, estuvo a punto de morir. Estaba acabando de dar el último sorbo al café cuando una chica bajita y regordeta se acercó y se sentó en la silla que tenía justo delante.

-He oído que echas las cartas, ¿podrías hacerme una tirada? -dijo con la esperanza de que Claire aceptará hacerlo allí mismo. La vidente metió la mano en el bolso y cogió uno de sus mazos sin mirar, sacó justo las que quería, las del reverso azul, las mejores para predecir cualquier cosa relacionada con una enfermedad.

Alas Rojas Pausa2

Dorian estaba paseando por el barrio gótico, buscando una iglesia abierta en la que poder entrar para confesarse. Su cabello era corto y negro, sus ojos marrones y su piel estaba bronceada, andaba como cualquier chico de veinte años. Vestía una gabardina negra que le llegaba hasta los tobillos, la llevaba completamente abotonada, lo único que podía verse eran un calzado marrón. Llevaba ya una semana en Barcelona y aún no había conseguido trabajar en nada, en los tugurios que solían frecuentar la gente como él solo había rumores, en concreto de cuatro posibles trabajos para él. Únicamente le faltaba un exorcista y podrían ser suyos, el problema es que por lo que había oído no había ninguno en la ciudad, y sin ninguno no podía hacer el trabajo completo. Finalmente llegó a la Basílica de Santa María del Mar, era un edificio imponente, construido siglos atrás. La última vez que estuvo en Barcelona también la usó para confesarse.

Atravesó el umbral de la puerta y vio, en la primera hilera de bancos la cabeza completamente desnuda del cura que lo atendió la última vez. Se acercó con pasos firmes que resonaban en el interior del edificio, cuando llegó hasta donde estaba se sentó junto a él. Estuvo sentado allí junto al cura admirando la crucifixión labrada en madera y oro cerca de una hora, finalmente se decidió a hablarle.

-Buenas noches padre -dijo con una voz dulce, temiendo molestarle-. He venido a confesarme.

-Buenas noches hijo -respondió el cura mientras giraba la cabeza y le dedicaba una leve sonrisa-. Te estaba esperando, me habían dicho que vendrías -mientras lo decía se levantó y empezó a dirigirse hacia el confesionario. Dorian le siguió, entró en la sala contigua a la del padre y se arrodilló.

-Perdóneme padre porque he pecado -dijo con pesar-. No he podido evitar tener pensamientos impuros y no han sido solo pensamientos, no he podido evitar practicar el sexo con todas esas mujeres. Aunque si he de serle sincero eso casi no me preocupa, es más, disfruto. Creo que en realidad eso lo empeora pero no puedo evitarlo padre. Lo que realmente me preocupa es la irá -se le quebró la voz pero se recompuso rápidamente-. No puedo controlarla, hago daño a muchas personas, personas que no lo merecen.

-Dorian, ya te lo dije la otra vez que viniste, no es algo que vayas a poder dar dada tu condición, la condición que elegiste -puso especial énfasis en la última parte-. Sé lo que hiciste la última vez que estuviste en esta ciudad y te estoy muy agradecido por ello. Supongo que habrás venido por algo similar… Tú penitencia será resolver eso que has venido a buscar. Ésta vez nada más, lo que haces será mejor que la lectura de cualquier salmo.

-Muchas gracias, padre Alejandro.