Claire empieza su camino por Barcelona en busca de una persona, una persona cuyo rostro no conoce. Esa persona es capaz de bloquear sus artes adivinatorias del tarot, motivo por el que quiere encontrarla.

Alas Rojas (Fragmento 2)

Claire se levantó y fue directa a la ducha, iba a ser un día largo. Había quedado con Christopher en una cafetería para hablar sobre los posibles trabajos pero antes quería encontrarse con Dorian. El tarot no le decían nada de su pasado, únicamente podía saber su ubicación y eso la inquietaba. Cuando salió de la ducha se vistió con unos pantalones rojos y un jersey blanco, se recogió el dorado cabello en una coleta como solía hacer, cogió su abrigo, el bolso y salió.

Cuando salió a la calle tuvo que sacar las gafas de sol que siempre llevaba consigo, la luz le dolía en los ojos por la falta de costumbre. Era demasiado pronto para Claire, hacía meses quizá años que no salía a primera hora de la mañana para ir a investigar. Se dirigió al metro, tenía que llegar hasta el centro de Barcelona si quería dar con Dorian, por lo que había visto no se alejaba mucho de esa zona, parecía gustarle. Se subió al primer tren que pasó de la línea tres en dirección Trinitat Nova, en nada estaría en plaza Cataluña. No pudo sentarse, era hora punta y el metro iba a rebosar de gente, no podía creer que todas aquellas personas soportaran eso a diario.

Algo llamó su atención a la parada siguiente, un chico que acababa de subir, no superaría los veinte años. Iba con la cabeza ladeada mirando algo más adelante en el vagón, cuando lo vio Claire se sorprendió, estaba mirando directamente a un hombre de unos cincuenta años. Iba vestido con un traje negro acompañado de una camisa blanca y una corbata granate. El hombre tenía el cabello castaño y muy bien peinado, sus ojos eran azules y transmitían una gran tristeza. Claire había visto antes esa mirada, en sus propios ojos, era la mirada de alguien que había perdido por completo las ganas de seguir viviendo.

Miró la parada por la que iba y se unió al torrente de gente que bajaba allí, ya había llegado a su destino. Salió por la boca que daba al Triangle, se paró un momento a mirar la fachada blanca y cuanto la rodeaba, necesitaba orientarse, hacía mucho que no pasaba por allí. Enseguida dio con la calle que quería, empezó a andar tranquilamente cruzando la plaza, había mirado la hora y era demasiado pronto; la tienda a la que iría Dorian aún no había abierto. Se detuvo en la primera cafetería que encontró, con un poco de suerte aún podría averiguar algo de él a través de las cartas ya que se iban a encontrar en breve.

Se sentó en la mesa que había más alejada de la puerta, cuanta menos gente la viera mejor, no quería que la distrajeran, necesitaba dedicar toda su concentración en las tiradas. Cogió la baraja del reverso negro e hizo una tirada, una más que tuvo que añadir a la larga lista de inservibles que ya tenía a causa de Dorian. Ese chico u hombre era demasiado misterioso, hacía muy poco que se había implicado en ese mundo y podía bloquear su poder, algo que nunca nadie había hecho con anterioridad. Probó con otra baraja y de nuevo fue una tirada inútil, Dorian la frustraba cómo hacía mucho que nadie lo hacía y todavía no lo había conocido. Una chica de pelo negro y ojos escarlata se acercó hasta la mesa dónde estaba Claire, la había mirado a lo largo de las dos tiradas que había hecho. Llevaba puesto un vestido blanco con zapatos a juego.

–Hola –dijo con un hilo de voz, parecía algo insegura–. Te he visto con las cartas y me preguntaba si podrías hacer una tirada para mí –cada palabra que decía salía con algo más de convicción que la anterior–. Te pagaré lo que quieras.

–Claro que sí –Claire sonrió, mientras guardó la baraja que tenía y sacó una con el reverso verde–. ¿Empezamos? –La desconocida asintió–. Bien, primero cierra los ojos y concéntrate en lo que quieres saber –la chica hizo caso de lo que Claire decía y ésta empezó a tirar las cartas, pasados pocos minutos le dijo a la chica de ojos escarlata que abriera los abriera. Se quedó unos instantes mirándole a los ojos, hacía mucho que no veía unos ojos tan bonitos como los de esa chica. Podría pasarse horas sin apartar la vista de ellos, perdiéndose en su profundidad. Rápidamente apartó la idea de su cabeza, la última chica con la que había salido había muerto por su culpa, Claire no quería volver a pasar por lo mismo. Además, ya había visto suficiente oscuridad en su vida, si además se involucraba en la vida de la chica de ojos escarlata aún lo pasaría peor.

»No quiero mentirte, no he visto cosas buenas, solo consigo ver oscuridad y sufrimiento, y tras todo eso vendrá la calma. Calma que llegará acompañada de la mano de una rosa. Tardará mucho… –La voz se le quebró un instante por lo que había visto–. Has de ser fuerte, después todo se arreglará, créeme.

La chica de ojos escarlata y cabello negro la creyó, notó la sinceridad de Claire como si fuese algo palpable. Estuvieron allí sentadas un largo rato hablando y contando pequeñas anécdotas de sus vidas cómo si se conocieran de siempre, Claire tuvo que mentir prácticamente en todas para proteger a esa chica. Por mucho que quisiera contarle la verdad no podía hablarle de sus orígenes, sería ponerla en peligro sin motivo alguno. Cuando Claire se dio cuenta de la hora que era se despidió de la chica de ojos escarlata, sin haber llegado a preguntarle el nombre en ningún momento. No llegó a coger el dinero que la chica le ofrecía por la lectura, no podía aceptar dinero de alguien con esos ojos.

Claire acabó de cruzar lo que le quedaba de plaza Cataluña y empezó a andar por la calle de Fontanella, si las cartas no le habían mentido Dorian iría a una tienda de esa calle. Iba mirando todas las tiendas, intentando identificar a alguien que nunca antes había visto, hasta que vio salir a un chico de una y no dudo quien era. Había salido de la Sombrerería Mil y claramente había comprado algo allí. Dorian iba vestido con una gabardina negra que llevaba completamente abotonada y sobre su cabeza reposaba un sombrero de ala ancha completamente negro con un par de plumas blancas asomando por encima.

Claire empezó a seguirlo hasta que vio que entraba en una iglesia, algo que no esperaba de alguien con su aspecto. Esperó cerca de una hora en el portón hasta que éste salió, entonces se dispuso a hablar con aquella persona que tanto la intrigaba.

–Disculpa –dijo mientras se interponía en su camino y lo miraba directamente a los ojos–. ¿Eres Dorian?